Raúl del Pozo

«Pedro Sánchez apareció como un meteoro, pero luego es una estrella fugaz»

"Pedro Sánchez apareció como un meteoro, pero luego es una estrella fugaz"
Raúl del Pozo. PD

Raúl del Pozo destaca los constantes guiños que Sánchez le lanzó a la bancada podemita hablando de acuerdos y de mestizaje:

No hay función teatral o corrida de toros que haya desencadenado tanta emoción en Madrid como esta sesión de investidura, con el patio de butacas en forma de hemiciclo, entre los estucos isabelinos y el bajorrelieve de Ponzano que representa a España abrazando la Constitución. Un solo orador, Pedro Sánchez, del barrio de Tetuán -un Bronx de sudamericanos y árabes, más allá de los rascacielos de Azca-, se enfrentó a su dudoso destino en un discurso sin límite de tiempo. Pedro apareció como un meteoro que brilla y se mueve mucho, pero que luego resulta ser estrella fugaz.

Apunta que:

Ayer, esa estrella, un solo actor, en un monólogo de 42 folios sin réplica, una hora y 36 minutos, como un galán del star system, se vino arriba y empezó diciendo -con buen tono- que si los diputados no salen de la sesión con un acuerdo es que han hecho mal su trabajo. Las palabras «cambio», «diálogo» y «acuerdo» fueron un constante estribillo y, a lo largo del discurso, insistió en la siguiente cantinela o muletilla: «Y todo esto lo podemos hacer a partir de la próxima semana». Un discurso contra el Gobierno en funciones y una pregunta retórica dedicada a Podemos: «¿Nos quedamos parados o nos ponemos en marcha?». En un aparte sin mímica, le mandó a Pablo Iglesias el mensaje de que no hay mayoría suficiente para un Gobierno de izquierdas. «Los votos no llegan. Estamos obligados a mezclarnos. El Parlamento obliga al mestizaje ideológico».

Escribe Plutarco en Vidas paralelas que en los que han de gobernar se necesita elocuencia y pone como ejemplos máximos de la oratoria a Cicerón y a Demóstenes, los dos desterrados y perseguidos. Describe a Cicerón como un hombre muy instruido, de semblante risueño, inclinado a ser gracioso y «decidor hasta hacerse juglar». Demóstenes, al contrario, mostraba severidad y mucho talento recibido de la naturaleza, acrecentado con el ejercicio. En nuestros tiempos no se necesita elocuencia para gobernar, sino mayorías, apoyo de los poderes fácticos y territoriales. Pedro Sánchez buscó ayer, con monotonía, sin alardes retóricos, los apoyos en un mitin contenido, y hoy sabremos si lo consiguió. Pero ha aprovechado el vacío de poder para protagonizar unas primarias con supermartes incluido y, aunque es una esperanza quimérica que sea ahora investido, ha lanzado una botella al mar. Como si la política fuera también un azar. Discurso vibrante que se ha escrito en varios días, con mensajes a los jóvenes iracundos: medidas contra la corrupción y el fraude fiscal.

Y concluye:

El PP piensa que Pedro Sánchez fracasará en la investidura y se echará en los brazos de Pablo para formar un Gobierno de izquierdas apoyado por los separatistas. Pedro se la juega y, como alguien dijo cínicamente, la causa de Napoleón fue intachable hasta la mañana de Waterloo, e injusta y detestable a las 10 de la noche. Es posible que Pedro Sánchez, el dirigente provisional del PSOE, no sea una estrella fugaz. Aunque Pablo Iglesias calificó el discurso de decepcionante, Pedro saludó desde el tercio, arropado por su grada.

Autor

Juan Velarde

Delegado de la filial de Periodista Digital en el Archipiélago, Canarias8. Actualmente es redactor en Madrid en Periodista Digital.

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