Manuel del Rosal García

Cuando besa Pablo Iglesias…

Cuando besa Pablo Iglesias...
Manuel del Rosal García. PD

es que besa de verdad/pero no le interesa/besar por frivolidad/Le puedes besar en la mano/O darle un beso de hermano/Así le besarás cuanto quieras/Pero un beso de amor/Solo se lo da a Xavier…Doménech.

«Cuando los tiranos besan, ha llegado el momento de echarse a temblar». (Pericles)

Pablo Iglesias, en un arrebato de amor incontenible, le ha estampado un beso en la boca a su conmilitón Xavier Doménech. No sabemos si con lengua o sin ella. Pablo, si llega al poder, cambiará la costumbre del Congreso de aplaudir por la de besarse.

Cada vez que un parlamentario haga un discurso que merezca el aplauso unánime de sus compañeros, estos no aplaudirán, se besaran cada uno con el que está a su lado. Naturalmente algunos disfrutarán del beso al compartirlo con una bella diputada, pero otros, a su pesar, se verán obligados a besar al del mostacho de su derecha que huele a tabaco rancio con efluvios de alcohol.

Pablo, que na da una puntada sin hilo, con el beso a Xavier nos está diciendo que, su política estará basada en el beso. Pablo besará a los empresarios para así convencerles de que no sean tan rácanos y repartan sus beneficios con los trabajadores y con su gobierno.

Besará a los sindicatos para ganárselos y que nunca le monten una huelga, pues está feo hacerle una huelga a un gobierno de la izquierda más izquierda.

Besará a todos los agentes sociales para rendirlos a sus pies. Por supuesto, hará jornadas intensivas con los presidentes de los bancos para convencerles de que se reciclen en ONG. El beso de Pablo no es un beso cualquiera, es el beso del nuevo mesías, ¡casi nada! ¡Ya quisiéramos todos ser besados por Pablo! y con su beso recibir todos los dones de quien está revestido de todos bienes sin mezcla de mal alguno (HOT OR NOT: Una divertida herramienta para testear la seducción de políticos, periodistas, artistas, empresarios y otros ‘perlas’).

Pablo irá a Europa y besará a Ángela Merkel en la boca, y esta quedará rendida al magnetismo salvaje de sus labios. Ese será el momento en el que Pablo pedirá a la dama de Europa que no sea tan estrecha y se entregue definitivamente a sus encantos.

Ahí le pedirá que haga la vista gorda con los déficits que alcanzará su gestión económica. En su visita al FMI, Pablo estrechará por la cintura a Christine Lagarde – ya se sabe: la mujer y la lechuga por la cintura – y la besará apasionadamente para que le apoye en todos aquellos proyectos que su gobierno diseñe para gastar y gastar y, por supuesto, le conceda créditos a fondo, perdido no, perdidisimo.

Con Mario Draghi la cosa no será tan fácil, ya sabemos cómo son los italianos con el amor: muy apasionados y muy celosos. Con Draghi el beso de Pablo ha de ser especial.

Yo le aconsejo que antes de besar a Draghi se coma un cannoli que es un dulce típico de Sicilia y que a Draghi le vuelve loco. Creo que así vencerá las reticencias del italiano.
El beso de Pablo tiene tan solo un inconveniente. Es el que ya en el siglo XIX apuntaba el novelista, ecritor y dramaturgo francés Paul Bourget. Decía así: «Hay labios tan finos que en vez de besar cortan».

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