Santiago López Castillo

La provocación

La provocación
Santiago López Castillo. PD

Siempre he criticado, en mi larga carrera periodístico-parlamentaria, elevar la anécdota a categoría. Verbi gratia, dejar con la mano colgando o el bolo colgando al señorito Sánchez enfundado en un terno de El Corte Inglés. Esa fue toda la crónica de aquel encuentro postelectoral en que el chico socialista negó la oferta del más mínimo diálogo al vencedor de las elecciones, no y mil veces no. Ahora, quien esto firma podría incurrir en el mismo error, que no queda en breve relato sino en la mala educación.
Los podemitas, con casta y sin casta, con coleta o con rastas, son la provocación permanente. Y la provocación, según la RAE, es irritar o estimular con palabras u obras a alguien para que se enoje. Que el Coleta se dé un beso de tornillo con un militante macho, me la trae al fresco. Pero que sea en el púlpito de la soberanía popular, me da por el culo. Las Cortes no es lugar para dar de mamar ni dar por el culo aunque haya diputados «chaperos». Como tampoco es de recibo acudir a La Zarzuela arremangada la camisa y sin corbata al igual que esos sindicalistas jamás obreros y siempre subidos al yate del dólar, incluidos los cruceros de lujo.

A estos provocadores, que se cagan en Dios y en la Virgen santísima, les vendría bien las reglas de urbanidad, que en mi época se estudiaba, así como las máximas del Metro: «No escupir», «Prohibido vender en los coches», «No fumar», «No hacer aguas mayores ni menores en los vagones»… El sentido común, my friend. Los de Podemos han venido a reventar el sistema. Están en la algarada, en el «escrache», dígase acoso, so memos, en el desafío independentista, en la blasfemia, y aunque pisen la moqueta del Congreso de los Diputados, ellos se cagan en ella. Igual que cuando el Rey llama a Pablo Sánchez a la Zarzuela y se presenta en mangas de camisa remangadas, un respeto, o llama presos políticos a los etarras, claro que de casta le viene al galgo porque Pablo Iglesias, y no lo ha desmentido, es hijo de terrorista, que tengo entendido era el FRAP (Frente de Liberación Antifascista y Patriótico).

Me preocupa que las instituciones callen como putas y sólo tomen medidas contra los asaltantes de Blanquerna y les metan un paquete de aúpa y sin heridos. Siempre dije que si ETA hubiera sido una banda de extrema derecha, la organización terrorista no habría existido ni se habría cobrado, por tanto, novecientas víctimas mortales. De ahí la ignara actitud de no pocos en estos tiempos que crece día a día ante la pasividad de quienes deberían atajarla. Simone de Bauvoir preconizaba basar el profundo respeto a los demás con el firme propósito de no forzar jamás su alma sin su consentimiento.

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