Fernando Jáuregui

Un homenaje (más) a Cándido Méndez

Un homenaje (más) a Cándido Méndez
Fernando Jáuregui. PD

Empezaron las despedidas de y a Cándido Méndez, el secretario general del sindicato UGT. Dijo adiós a los periodistas, que durante más de veinte años le hemos seguido, en un ambiente de fin de época.

Una señal más de que nada va a ser lo que era, aunque haya quien piense en continuismos imposibles, al menos en lo sindical. Como en lo político. Le pregunté a Méndez por su valoración de la ‘era Rajoy’, en lo laboral y en lo político, consciente de que la etapa ‘activa’ de ambos -sí, de ambos– llega a su fin.

En el caso del sindicalista, porque así lo ha asumido él, tras veintidós años en el machito; en el del político, probablemente porque los suyos vayan a asumir que conviene cambiar de caballo para ganar la carrera.

Creo que tanto Méndez como Rajoy, si es que puede establecerse un paralelismo entre ambos, merecen un reconocimiento, aunque la verdad es que el líder ugetista no fue muy amable con el presidente del Gobierno en funciones en la respuesta que dio a mi pregunta. Ambos han sido, pienso, honrados en medio de un ambiente, un entorno y unas circunstancias que no lo fueron.

Ambos son hombres de buena voluntad; creo que dejarán un recuerdo básicamente positivo tras de sí, lo que no es poco decir en el reino del cainismo. Pero hay que saber retirarse a tiempo, como le dijeron a De Gaulle, cuentan que provocando su ira. Méndez ha tenido el acierto de organizar su marcha, aunque no sé si muy bien su sucesión.

Y, sobre todo, no sé si Cándido se marcha teniendo demasiado claro que el sindicalismo europeo va a experimentar una profunda transformación, que pasa por la revolución laboral más intensa que haya vivido Occidente en los dos últimos siglos; para no hablar de España, donde sospecho que, lo mismo que le ha ocurrido al bipartidismo, el bisindicalismo tiene los días contados.

Por eso, seguramente hay que hacer una reflexión profunda sobre los tiempos que vienen en el mundo del trabajo, donde las cosas, pienso, están cambiando mucho más deprisa de lo que los elefantiásicos aparatos sindicales pueden asumir: todo ese entramado del emprendimiento, los trabajadores autónomos -ya sé, ya sé que hay mucho abuso, quizá inevitable, en este capítulo– , las formas flexibles de contratación, sigue siendo un tema tabú en muchos ámbitos del sindicalismo clásico y de clase, el que sale a manifestarse, cada vez, la verdad, con menos gente, el 1 de mayo.

Y conste que no quiero hacer un alegato antisindical al uso de ciertos círculos liberales, porque comprendo, valoro y estimo el papel que las organizaciones de trabajadores han de desempeñar en el mundo moderno, también en este mundo cambiante en el que a veces no sabemos muy bien de dónde nos llega el aire; es, simplemente, que, como los partidos políticos, los sindicatos se están quedando rezagados en relación a los acontecimientos.

Quisiera, en todo caso, rendir un homenaje personal a Cándido Méndez en su marcha. Por muchas razones. Sobre todas ellas, porque es un hombre bueno, y eso no es fácil de mantener cuando llevas veintidós años en un despacho desde el que se ejerce algún tipo de poder.

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