Santiago González

A Pablo Iglesias hay que exigirle menos predicar y más dar trigo

A Pablo Iglesias hay que exigirle menos predicar y más dar trigo
Santiago González. PD

Pablo cambió el tono encabronado de la primera sesión y tiró de su segundo registro: frivolidad y cursilería en dosis homeopáticas. Se creyó obligado a explicar el beso que había protagonizado con Xavier Domènech. «Un beso en los labios», dijo, un piquito. Debió decir «un beso en la boca» o quizá «morreo», un gesto para escandalizar caperucitas. Prueba de que aquello era un paripé, un posemos, es que mientras comía el morro a su colega, estaba pendiente de la cara que ponía De Guindos, según sus propias palabras. Pues imagínese la que pondrá Rohaní, su patrón televisivo.

No sé a quién puede escandalizar, pero a Pablo hay que exigirle menos predicar y más dar trigo. Es decir, que repita el beso en cada pleno, pero con lengua. O mejor aún, el reto que le planteó mi amigo Alatriste: «Esos huevos con Marian Betialarrangoitia».

Pablo reclamó en dos ocasiones el pacto a la valenciana, un plato con tantos ingredientes como la paella de Camba. Cuenta Julio Camba en ‘La Casa de Lúculo’ (‘El arroz a la valenciana’) que su amigo Vidal trataba de convencer a un chef parisino, dueño del bistrot La Biche de las bondades de la paella: «Tiene de todo: pollo, anguila, calamares, almejas, cerdo, guisantes, arroz, caldo…», ofreciéndose para cocinarle una.

«¡Oh, no! Muchas gracias -rechazó el francés-. Lo siento mucho, pero no se lo permitiré a usted nunca. Pollo y anguila, almejas y cerdo… ‘Mais ça serait l’anarchie, voyons’!».

Frente al pacto a la naranja, el Gobierno a la valenciana de Pablo tiene tantos ingredientes como la paella de Vidal: PSOE, Posemos, Compromís, Mareas, En Comú, Izquierda Unida, PNV, Democracia i Llibertat y ERC.

‘C’est l’anarchie’ y lo que es peor: ‘Ç’a eté toujours l’anarchie’. España ha sido la única democracia del mundo o así, (hablo de la 2ª República en que la anarquía se ha constituido en Gobierno). El Gabinete de Largo Caballero tuvo cuatro ministros anarquistas: Federica Montseny, Juan García Oliver, Juan Peiró y Juan López. García Oliver, ministro de Justicia indispensable para amparar el genocidio de Paracuellos, había creado un grupo, ‘Los Solidarios’, a los que calificaba en 1937 como «los mejores terroristas de la clase trabajadora».

Al llegar a este punto debo explicar una contradicción: el pacto que propone Pablo me parece una amenaza cierta para España, sus libertades y su economía, pero uno tiene un interés corporativo: va a ser un regalo para los columnistas, como se pudo comprobar el viernes.

Pedro se jactó de «haber puesto en marcha el reloj de la democracia», expresión petulante que no es otra cosa que la cuenta atrás para las elecciones de junio. Podría haber quitado el bloqueo, incorporando a su cálculo los 123 escaños que ahora borra.

Albert suscribió la falacia de Pedro. Que la coincidencia en el ‘no’ de Pablo y don Mariano les hacía cómplices, argumento que deshizo su portavoz Girauta al deshacer la falsedad de Rufíán, ese ejemplo de complicidad onomástica que les acusó de no haber condenado el franquismo. A pesar de las dificultades que le puso el presidente de la Cámara, Girauta consiguió explicar que la última vez que condenaron la dictadura fue el 27 de septiembre de 2013, votando con Esquerra Republicana. El propio Pedro ya se había contradicho al recordar al PP y Posemos que PSOE y C’s sumaban nueve millones de votos, más que los siete de PP y que los 5 de Pablo. Por lo visto, los dos del ‘no’ son una misma cosa, pero no consiguen sumar 12 millones de votos. Que en la falacia de Pedro serían más que nueve, aunque la suma la haga él.

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