Andrés Aberasturi

Pequeños detalles

Pequeños detalles
Andrés Aberasturi. PD

Me gustaría que nadie se ofendiera por lo que voy a escribir y aunque conozco el dicho de que todas las comparaciones son odiosas, nunca he terminado de entenderlo porque comparar no es más que examinar dos o más cosas para establecer sus relaciones, diferencias o semejanzas.

¿Es eso odioso o absolutamente necesario? El caso es que mi nieto de cuatro años se metió ayer en su cuarto advirtiendo a los presentes de que cuando saliera no iba a ser él sino «el hombre araña»; efectivamente salió vestido con su disfraz de hombre araña de todo a cien y, colocando la mano medio cerrada y extendiendo el brazo, nos lanzaba unas imaginativas redes que nos dejaban a todos paralizados.

¿Y a qué viene toda esta confesión familiar? Pues a que hoy me encuentro con unas muy serias declaraciones del presidente de la Generalitat catalana, don Carles Puigdemont, asegurado que «en 16 meses empezaremos a actuar como un Estado independiente». Es verdad que se da más tiempo que mi nieto, pero el anuncio de ambos puede resultar muy similar.

Naturalmente no parece recomendable explicar a un niño de cuatro años que el disfraz no hace al hombre y que las redes que lanza no existen, que ya puede decir que en cuanto salga de su cuarto deja de ser un niño y se convierte en súper héroe, que eso, desgraciadamente para su fantasía, no va a ocurrir y que la vida se encargara de hacerle ver que la realidad es bastante más complicada.

¿Pero cómo explicarle, sin que se ofenda, a todo un presidente del Generalitat catalana que en un plazo de 16 meses ya puede empezar «a actuar como un estado independiente» aunque lo único que consiga es precisamente eso: actuar en el sentido teatral o artístico del verbo, es decir, interpretar un papel que no es real?

Yo comprendo a Carles Puigdemont y hasta entiendo que matizara el hombre lo de los 16 meses: el plazo puede variar, pues si llega antes de los meses marcados «no pasa nada, y si es un mes más, tampoco es ningún descalabro. Pues no, ya puestos un mes más o menos carece de importancia.

Lo complicado aquí no es la fecha de caducidad de una Cataluña española sino en qué consiste eso de «empezar a actuar como un estado independiente». Porque una cosa son los gestos -mi nieto lanzando redes que no existen- y otra la cruda realidad.

No sé si existe algún manual sobre cómo hacer un estado independiente en 16 meses, pero lo que sí parece que tiene cierta importancia en el Derecho Internacional en el que se contemplan todos esos pequeños detalles y reconocimientos que se requieren para que un territorio pueda ser considerado por el resto del mundo como «estado independiente». Y Cataluña, sin apasionamiento de ningún tipo, no parece que cumpla a día de hoy esos requisitos.

Sería interesantes que, además de no cumplir las sentencias del Constitucional, explicara el presidente de la Generalitat en qué va a consistir exactamente esa «actuación», desde si se van a retirar las banderas españolas hasta dónde deben dirigirse los ciudadanos y las empresas cuyo domicilio fiscal está en Cataluña para pagar sus impuesto. Estos pequeños detalles -por no hablar de la UE, la ONU, los mercados o el Banco Central Europeo- tal vez preocupen a los propios catalanes.

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