Víctor Entrialgo de Castro

Hablando raro, negociar es complicado

Hablando raro, negociar es complicado
Víctor Entrialgo de Castro, abogado y escritor. PD

No lo digo sólo por los graznidos, epítetos y retruécanos de estos dias para votar el cambio o cambiar el voto. Ni por la manipulación de las redes para pervertir en lugar de agrandar la democracia. O por el uso por los 4 jinetes del apocalipsis de nombres muy nuevos para cosas muy antiguas.

Me refiero a que de poco para acá, aunque no te tuitees ni tengas xp, con mac o pc, con o sin usb, puedes mandar un pdf, aunque no tengas guasá y el que te venda el hdp sea un hp. Incluso sin gigas, teniendo bastantes megas, aun sin wifi, con el interfaz, lo haces y ni te en teras.

No sé en qué tipo de robots nos hemos convertido pero hay gente que habla así de raro. Hay que ser malhablao y presuntuoso para decir todo eso, estar convencido de que uno se ha comunicado o que puede negociar el gobierno de España sin tener claro qué es.

Empezando el examen por la geografia y aunque de poco para acá la vida se escriba del revés, gracias a Dios el Ebro sigue naciendo en la provincia de Santander, aunque no sé por cuanto tiempo.

En Historia, Fernando e Isabel han sido sustituidos por Isabel y Mario y en física «cuántica» nos hemos enterando estos dias que el cuarto va antes que el primero, quizás porque relegada la religión, nos habíamos olvidado que los últimos iban a ser los primeros.

En Lengua, por influencia de la propaganda separatista y leninista nadie menciona España y todos dicen «este pais» y nadie «nuestro pais» y menos aún «mi pais», como si aprender de los franceses fuese falangista. Y aunque ayer fuese su dia, la mujer trabajadora, la gran artífice de «casi» todo no necesita semáforos ni «diputadas» sino auténtico reconocimiento.

Y llegados a este punto, decir que «Congreso de los diputados» es machista, es otra memez más de esta gente que pretende eliminar el género neutro en lugar del género imbécil y piensa que la revolución es cambiar los nombres de las cosas en vez de enterarse de una vez, como explicó Linneo, de que los nombres no son las cosas mismas.

Diga usted señor Congresista, lo que quiera, diputados o diputadas, pero haga las menos posibles.

Como vemos, para algunos españoles, de España sólo queda la Geografía. Pero para otros muchos está también la tierra de los padres y de los hijos, o sea, la Nación y la Historia, y por supuesto la Constitución, su norma fundamental y la Lengua del imperio, de los siglos además de las siglas, con las que mayormente nos comunicamos de un tiempo a esta parte.

Pero hablemos bien o hablemos raro,

Siempre nos quedará pasapalabra.

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