Santiago López Castillo

Liquidación por derribo

Liquidación por derribo
Santiago López Castillo. PD

Morro es poco. El vendedor de la planta de caballeros de El Corte Inglés resulta cansino. Dan ganas de darle un puntapié y que vaya rodando por la calle. Lo malo es que ya no quedan limpiabotas ni tampoco zapateros remendones. Es bien sabido que este iluminado ser, zapaterista cum laude, ha estado pactando hasta con el demonio con tal de sentarse en la poltrona. Y ahora se sabe, se estaba sabiendo, imaginando lo inimaginable de lo que usted imagina, que era capaz de superar -en pos del independentismo- el estatuto de Cataluña que fraguó el traidor ZP, «os daré lo que me pidáis», y tú puta, se escuchaba por lo bajines. Lo ha revelado la bicefalia Tardá-Rufus, esa línea media ridícula que no puede emular la pareja Vergés-Gensana, cuando el F. C. Barcelona triunfaba y el Caudillo entregaba las copas a los barcelonistas en Madrid, capital de España.

Pero estamos, lamentablemente, y ojalá me equivoque, en los estertores del Estado de Derecho, donde vale todo, la manga por hombro, me sale de los huevos. La zafia anarquía, el falso progreso, me tiro un pedo, está calando en una ciudadanía sin ninguna formación, viva la Logse y Rubalcaba, quien facilitó abrir la boca al personal con faltas de ortografía. Aun así, echo de menos al químico prodigioso.

En esas que los trogloditas del Parlamento, la madre que os parió, con motivo de la puta madre, no la de verdad, que engendra la vida, quieren que el Congreso no sea de los diputados sino de las diputadas, de miembros y miembras, ¡viva el lenguaje sexista!, pandilla de analfabetos, y Patxi López haciendo de don Tancredo, sectario socialista, pancista con ETA, tus acciones nos helarán la sangre (sic, Pagazaurtundúa). En esta deriva anarco-secesionista, bande de iletrados, Otegui hace méritos para regresar a la cárcel, pero los jueces no se atreven porque es «un hombre de paz». Y Euskadi tira porque me toca.

Si a todo ello añadimos el circo de los podemitas-milikitos antes y después y durante las sesiones de investidura, resulta evidente que ésta no es la sede donde reside la soberanía popular con la que tanto se llenan la boca los bocazas parlamentarios. Es un mercadeo baboso. Y quieren hacer un pleno antes de que suene la campana de las elecciones sobre la unidad de España, cada vez más desgarrada, para que la rancia izquierda saque la bandera republicana o el indigente Sánchez se fotografíe con la maxi roja y gualda en un zafio paripé. Pero no, que nadie se engañe. Es la liquidación por derribo. Y hay quien piensa, si seguimos faltos de cordura, batirse en retirada. Es una salida dolorosa pero a veces necesaria. El suicida es un cobarde muy valiente pero que no tiene otro remedio que desaparecer.

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