Santiago López Castillo

Monedero, toda esa ralea

Monedero, toda esa ralea
Santiago López Castillo. PD

Decía Averroes que no es bueno sentarse plácidamente pensando que Dios es infinitamente misericordioso sin observar los hijos obtusos y romos que nos da la vida. El pensamiento del filósofo debía ser en fino porque en el lenguaje actual sería gilipollas en grado superlativo. Monedero-billetero, la casta desvergonzada y faltona, que engloba a esos mocosos asamblearios con coletas, sin coletas, rastas y grosas cuentas corrientes, ha llamado «criminal» a Aznar por la guerra de Irak, calificación que no es nueva porque así le definió la rancia izquierda tras el 11-M, en especial el PSOE, cuando conmemoramos el duodécimo y trágico aniversario del terrible atentado. Auténtico golpe de Estado.

No sé qué piensan esos jueces que no mueven un músculo embebidos en ese buenismo y garantismo bobalicón ante los permanentes insultos de esta ralea marxista-leninista. Primero fue El Coleta antes de ensuciar la moqueta del Congreso llamando a las armas si fuera necesario, luego apelando a la «cal viva» aplicada a Felipe González mientras el egocéntrico Sánchez suspiraba por los vientos de Pablo Iglesias con tal de llegar a la Moncloa. Es, sencillamente, una vergüenza. Como clamar por la libertad de un sanguinario como Otegui llamándole preso político, cuando atentó contra la vida de mi añorado Gabi Cisneros e intervino en el secuestro de Javier Rupérez. Nada. No pasa nada. Aquí vale todo. Las togas están en posición descanso, y luego hablamos de los políticos, claro que el poder judicial español está politizado, sálvese el que pueda, y a fe, justo es decirlo, de que hay jueces honrados a carta cabal: son los que no salen en los papeles ni buscan el foco de las cámaras.

Pero vivimos un mundo de desfachatez, no el de Huxley, equivalente a la adoración del becerro de oro, que es la puta pasta gansa. Monedero-billetero; Errejón, el niño que nunca rompió un plato y se lucra de una beca que jamás cumplimentó. Es un significativo silencio exculpatorio de la Cuatro, suspenso, la Quinta, por los pelos y la Sexta, veneno. El paradigma de la corrupción reside en el PP, se lleva gratis, a gala, caiga quien caiga. Además de los Eres de Andalucía, aflora el corrupto socialista (póngale el adverbio «presunto», de nada) de Galicia, investigado por seis posibles causas mientras el egocéntrico secretario socialista se mira al espejo, dependiente el pollo de la planta de caballeros de El Corte Inglés, se llena la boca con la manida honestidad y su puta madre, dicho sea en lenguaje metafórico y no tan metafórico y sin querer faltar, por supuesto, a su progenitora.

En línea paralela están estos cutres que nos invaden y ensucian la faz política cuando lo suyo es que residieran en la Venezuela que les paga y alienta la destrucción de España. Sencillamente, indeseables.

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