Pedro Calvo Hernando

La paja, la viga y el vacío de poder

La paja, la viga y el vacío de poder
Pedro Calvo Hernando. PD

Es justo y saludable que los partidos se echen en cara unos a otros los problemas de corrupción de cada cual. Lo que ya no es tan saludable es que lo utilicen como coartada de los casos propios o que comparen de forma ridícula y fraudulenta la importancia de los ajenos con los propios cuando esa comparación da mucha risa.

Los especialistas en estas tretas son algunos dirigentes del PP, cuando la gravedad de sus problemas en ese campo es infinitamente mayor que los de cualquier otro. Pienso que sería mucho mejor, incluso para ellos, gastar sus energías en comprometerse de verdad en la lucha contra la corrupción y hacerlo de manera creíble y siempre con un tono de sincero arrepentimiento y de serio propósito de la enmienda.

Lo peor es, por ejemplo, regocijarse literalmente cuando surge alguna podrida de otros que les permita no ya las comparaciones sino incluso las afirmaciones de que lo de los otros es lo más terrible y vergonzoso del universo.

Vean lo que pasa en los medios ultras especialistas en aquello de ver la paja en el ojo ajeno e ignorar la viga en el propio. Esos medios pueden inducir a confundir a la gente, pero pienso que los máximos perjudicados son ellos mismos, por el destrozo que infieren a su credibilidad. Convertir, por ejemplo, errores administrativos en pecados capitales es la mayor sinvergonzonería imaginable.

Este es uno de los acompañamientos políticos al problema del vacío de poder que España padece desde hace tres meses y cuya solución no se atisba. El otro acompañamiento es la tragedia de los refugiados originada por las guerras de Siria y alrededores y que el actual vacío de poder enmaraña más la situación.

Hasta el punto de que en el Gobierno en funciones provoca contradicciones entre sus miembros. Pero benditas sean estas por conseguir que no haya un seguimiento ciego del Ejecutivo respecto de las siniestras pretensiones de la Unión Europea en materia de expulsiones indiscriminadas y masivas de los refugiados, niños además muchos de ellos y en circunstancias intolerables alimentadas por la peor xenofobia de las últimas décadas. Benditas contradicciones si por fin llevan a que España y sus políticos se nieguen a bendecir la canallada de las expulsiones.

Lo deseable sería la unanimidad de los españoles. Ya dije alguna vez que los padres fundadores de Europa se volverían a los cielos si retornaran y vieran en lo que está quedando su obra histórica.

Pues está quedando en una organización de mercachifles desvergonzados y egoístas que quién sabe si lo mejor no sería su autodisolución y su transformación en otra cosa que nada tuviera que ver con lo que estamos sufriendo en los últimos años.

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