Santiago López Castillo

Pedro Sánchez, Jefe de Estado

Pedro Sánchez, Jefe de Estado
Santiago López Castillo. PD

Mindundi. Iluminado. Iletrado. Ególatra. Soberbio. Empleado de la planta de caballeros de El Corte Inglés. Zapaterista cum laude. ¡Hosanna!: «L’Etat c’est moi».
El pollo no tiene quién le escriba pero sí quién le alabe y tampoco tiene sentido del ridículo. Bueno, se ama a sí mismo, de ahí su condición de ombligo. No acude a la reunión de los socialistas europeos en flagrante cobardía ni va a darse el abrazo de Vergara con el ínclito independentista de la UGT, un tal José Mª Álvarez que al ser charnego quiere que se le llame Josep María, bautismo mamarracho como así lo adoptó el zurupeto Francisco López para convertirse en Patxi López o Patxi Nadie. Su ausencia, la de Pedro Sánchez, se debió a que no fuera a ser que los pocos periodistas independientes que quedan le preguntaran por el corrupto -presunto- compañero Besteiro, imputado -presuntamente- en diez causas judiciales, jefe de los socialistas gallegos. ¡Manda carallo!

Aparte de la vacuidad del personaje y su discurso, lo suyo, quiero decir Sánchez, es la escenografía. O sea, la pasarela Cibeles en sus diversas exhibiciones que por donde pasa muestra ternos exclusivos de Emidio Tucci a los sones de la socialdemocracia vagneriana. ¿Y la soltura con que se mueve aleteando los brazos incluso en casa del anfitrión, el presidente de la Generalidad, que parece sacado de las chanzas del socialista Javier Sardá con su personaje, cacofónicamente hablando, el señor Casamatjó? Lo malo son esas mujeres burriciegas, me pueden llamar machista, están en su derecho, pero no soy misógino, me gustan más que a un tonto un lápiz, las féminas, quería decir, que votan con los ojos del deseo, entiéndase guapura, el azul del cielo de los ojos de Zapatero, se admite el canigüete, sin pararse a pensar lo que esconde la bragueta política de la entrepierna. La ruina. Eso.
Pedro Sánchez conjuga perfectamente esto, eso y aquello. Su obsesión es la Moncloa. Nos va a sacar de la crisis de la que ya hemos salido, Rajoy es la bicha, qué bicho le ha picado, ¿o se lo quería calzar? Yogar en lenguaje golfo. El presidente en funciones debe dejar su tibieza y en lo que le queda de vida política plantar sus reales ante sus adversarios y enemigos de España. No se trata de morir matando sino morir con dignidad.

Pero volviendo a Sánchez, que no sé si va al cadalso o a abrazar el cetro de la gloria, muestra sus ínfulas seguramente para tapar las vergüenzas y vacuidades. Lo suyo, bien visto, no es la Moncloa, una nimiedad; lo suyo es la jefatura del Estado, a ser posible la III República. Decía Baudelaire que el peor de los vicios es hacer el mal por necedad. El incomparable socialista figura en primer lugar del ranking de los ignorantes que, arropándose en sabelotodos, están haciendo flaco servicio a España o, si se prefiere, al Estado español como acuñó Franco en Burgos y repiten como papagayos algunos progres zascandiles.

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