Benjamín López

La rebelión de los ‘herederos’ del PP gana adeptos para disgusto de Mariano Rajoy

Llegan con un expediente inmaculado, no han tenido nada que ver y casi ni conocen personalmente a muchos de los personajes que están ensuciando el nombre del partido

La rebelión de los 'herederos' del PP gana adeptos para disgusto de Mariano Rajoy
Javier Maroto, Andrea Levy y Pablo Casado (PP). PD

La nueva hornada de dirigentes del partido no comparte las maneras de Rajoy a la hora de hacer frente a la corrupción

Afirma Benjamín López este 18 de marzo de 2016, en la prolija columna que publica en EsDiario, que laa nueva hornada de dirigentes del partido no comparte las maneras de Mariano Rajoy a la hora de hacer frente a la corrupción.

Y subraya tah¡jante: «El caso Barberá ha sido la gota que ha colmado el vaso».

En el PP nadie cuestiona el liderazgo de Mariano Rajoy, nadie le quita el mérito a lo logrado contra viento y marea en la pasada legislatura, pero sí crece una corriente interna que comienza a asomar en público y que cuestiona su tibia forma de encarar los casos de corrupción.

Es una corriente no organizada -de momento- pero que coincide en dos cosas: en edad y, derivado de eso, en no tener un pasado político vinculado a ningún asunto bajo sospecha. No se trata por tanto de familias ideológicas dentro del partido sino de una brecha generacional que cada día es más evidente.

La gota que ha colmado el vaso es el caso de Rita Barberá. La actuación de la exalcaldesa de Valencia está haciendo un daño gigantesco al partido y muchos comienzan a cansarse de cómo el gallego Rajoy templa gaitas.

En público dos de los vicesecretarios de la última hornada de dirigentes del PP, Javier Maroto y Pablo Casado, han dejado entrever que su posición es más contundente que la de su jefe de filas.

Casado estalló el día en que dijo en una rueda de prensa en Génova que está «hasta las narices» de la corrupción en el PP.

Maroto exigió una «purga», palabra que fue poco después enmendada en público por Rajoy pero que el vasco ha seguido utilizando sin disimulo.

A nadie que esté en el día a día del partido se le escapa que estos dirigentes, y algún otro, se tienen que morder la lengua muchas veces para no ir más allá de la posición oficial del partido sobre determinados casos.

Su lealtad a Rajoy es absoluta pero cada día les cuesta más compartir la posición de su jefe a la hora de encarar determinadas cuestiones.

Y ellos no son los únicos que están en esa situación. Son los que dan la cara habitualmente. Hay otros que piensan lo mismo y que, en privado, lo reconocen. Una joven dirigente del PP de Madrid afirmaba hace muy poco, sin micrófonos a la vista, que no entiende la tibieza de Rajoy en algunos asuntos.

Y se quejaba de algo que comparten muchos:

«Por no cometer una posible injusticia con Barberá la está cometiendo con los demás que nada tenemos que ver con ningún caso de corrupción, que no sabemos nada de eso y que vemos cómo se duda de todos».

Esa es la clave. La nueva hornada de dirigentes llegan con un expediente inmaculado, no han tenido nada que ver y casi ni conocen personalmente a muchos de los personajes que están ensuciando el nombre del partido, desde Rodrigo Rato a Rita Barberá pasando por Carlos Fabra, Francisco Correa, Francisco Granados y tantos otros. Y porque no tienen vinculación ni de gestión ni emocional con ellos ven los casos con mayor frialdad y piden más contundencia.

En definitiva, sin quererlo hacer explícito, probablemente sin pensarlo, están pidiendo paso a gritos. Y eso implica dos posibilidades: o que el jefe cambie de actitud y corte por lo sano determinados casos o que el jefe dé un paso a un lado. No hay otra.

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