Manuel del Rosal García

La decadencia del macho y el Día del Padre

La decadencia del macho y el Día del Padre
Manuel del Rosal García. PD

«En cuanto se concede a la mujer la igualdad con el hombre, se vuelve superior a él» Margaret Thatcher, política británica.

Una de las tantas convenciones de la empresa en la que trabajaba se celebró en El Cairo. Era el año 1986. Como yo no soy gregario y ya conocía las pirámides y demás iconos turísticos de Egipto, renuncié con cualquier pretexto a las excursiones.

Durante la semana que duró la convención, como tuvimos algunas tardes libres, contraté un guía egipcio cristiano copto que me mostró lo que no se muestra al turista de aluvión. Mi guía hablaba español y mientras tomábamos té me contaba leyendas. Intentaré resumir escuetamente una de ellas.

Esta hablaba de como los dioses -«elohim» – cuando colonizaron la Tierra dieron el gobierno de ella a las mujeres. Durante los primeros tiempos todo fue bien, pero entonces las mujeres comenzaron a descuidar el gobierno, maltratar a los hombres e incluso sacrificarlos.

Todo iba manga por hombro. Los dioses se daban cuenta de que aquello podría terminar en un caos y decidieron quitarles el poder y dárselo al hombre, advirtiéndole a este que nunca descuidara la guardia; la mujer emplearía todas sus armas para reconquistar lo perdido al mínimo descuido. Esta leyenda es muy poco conocida, pero si lo es la de las Amazonas.

Cuenta la leyenda que las amazonas vivían en un lugar de Turquía bañado por las aguas del Mar Negro. Ningún varón tenía permiso para vivir entre ellas. Para el mantenimiento de la raza, las amazonas hacían incursiones todos los años en primavera a la vecina tribu de los gargarios donde se unían a los hombres.

De esa unión nacerían niños y niñas; los niños eran sacrificados, enviados a los gargarios o abandonados a su suerte. Cuando necesitaban mano de obra, a algunos los mantenían como esclavos para lo cual le amputaban un miembro o los dejaban ciegos. Las niñas eran educadas en sus costumbres e incorporadas a la sociedad matriarcal. Heródoto las llamó Andróctonas («asesinas de varones»).

Algunos se preguntarán porque escribo esto. Verán: resulta que últimamente he leído tres noticias que dan que pensar sobre la situación del varón en esta sociedad moderna y progresista.

Una dice: «Las empresas con más mujeres al mando son más rentables», a otra dice: «Se impone el modelo padre igualitario»; la tercera dice: «El cromosoma Y – el de la masculinidad – ya no es necesario para tener descendencia» Este último caso casi no tiene importancia, todos sabemos que la calidad del esperma es cada día más pobre. El macho está en decadencia.

Pero lo que realmente me ha sorprendido sobremanera es que en todos los medios de comunicación no se ha escrito ni hablado ni una sola palabra sobre el padre clásico, todas las noticias en el Día del Padre han sido para padres que lavan la ropa, que planchan, que bañan a los niños, que hacen la compra, que guisan, que pierden horas de trabajo para dedicarlas al hogar y que no dan el pecho porque la naturaleza nos le ha dotado para ello. Nada que objetar a que un hombre comparta las tareas del hogar y de crianza siempre que sea eso: compartir.

El padre que se levanta a las seis de la mañana y vuelve a casa derrengado tras diez horas de trabajo para dar a su mujer y a sus hijos una vida digna, no aparece mencionado en el Día del Padre. Ese hombre que, cuando el momento lo requiere, hace uso de la testosterona con la que la naturaleza lo ha dotado ¡porque es un hombre! no se menciona. Ese hombre que, manteniendo las características que siempre han diferenciado al macho de la hembra, puede ser tan dulce y tierno como la más dulce y tierna madre. Ese hombre, el macho de la especie, está en decadencia, está siendo sustituido por algo que puede llegar a ser andrógino. ¿Puede extrañar que la autoridad paterna esté de capa caída?

Los dioses – «elohim» – según la leyenda que me contó mi guía cristiano copto, advirtieron al hombre que no se descuidara pues la mujer, desde el momento en que fue desposeída del poder, dedicaría todos sus esfuerzos a recuperarlo. Está en camino, sin duda. Y en estos últimos años está dando pasos de gigante.

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