Julia Navarro

«La boca dei leone»

"La boca dei leone"
Julia Navarro. PD

Es más que comprensible que los inspectores de Hacienda pidan más medios para combatir el fraude fiscal y a lo que parece en el Congreso son mayoría los grupos parlamentarios que se muestran dispuestos a hacer realidad esta petición.

En los albores de la Transición a los ciudadanos nos dijeron, y nos convencieron, que Hacienda somos todos. Pero con el paso del tiempo hemos ido descubriendo que Hacienda eran unos más que otros. La última amnistía fiscal ha sido una muestra.

Ha tenido que sacudirnos la crisis económica para que los ciudadanos nos hayamos vuelto más exigentes a la hora de reclamar que no haya zonas de impunidad fiscal, es decir que ni las grandes fortunas ni las grandes empresas puedan hacer ingeniería fiscal y librarse de pagar lo que deberían a la Hacienda pública. Porque eso es exactamente lo que viene pasando.

En la sociedad existe el convencimiento de que la Agencia Tributaria tiene más fácil perseguir a los ciudadanos de a pie que a quienes tienen un ejército de asesores fiscales y pueden camuflar el dinero en sociedades radicadas en cualquier paraíso fiscal.

De manera que bienvenidas sean las medidas que los legisladores puedan adoptar para luchar contra el fraude pero eso sí sin convertir la Agencia Tributaria en un tribunal de la inquisición. Y digo esto porque leo en el diario El País que entre las medidas que reclaman algunas asociaciones profesionales de inspectores fiscales está el poder investigar sin que lo sepa el investigado. O favorecer la delación e incluso darles una parte de lo que se recaude a los delatores. Yo no sé a ustedes pero a mi alguna de estas medidas me ha producido un estremecimiento. De repente me he acordado de «La boca dei Leone». Quienes conozcan Venecia sabrán a lo que me refiero.

En el Palacio Ducal de Venecia, en la entrada, hay una cabeza de león que no es precisamente un adorno. En este palacio donde vivieron los Dux durante la República. Allí además impartían justicia y encarcelaban de por vida a los enemigos de la República. Cualquier ciudadano podía depositar en la boca del león un papel anónimo acusando a otro ciudadano de un delito que inmediatamente era investigado en secreto. Lo habitual es que el acusado terminara sus días en una lúgubre mazmorra.

A mi la figura del delator me repugna y que además pueda beneficiarse económicamente de su delación me parece inquietante. Como lo es que a alguien le pueda investigar la Agencia Tributaria si que lo sepa.

En democracia hay límites y los ciudadanos no pueden ser señalados por alguien a saber porque motivo y ser investigados sin saberlo. Supongo que para que esto suceda tendría que cambiar nuestra legislación. Y una legislación así nos recordaría a la de países totalitarios.

Ojo, no digo que no haya que modificar las leyes para que sean mas eficaces en la lucha contra el fraude pero sin copiar «La boca del león».

Perseguir a los grandes defraudadores depende sobre todo de que haya voluntad política y por tanto que los inspectores de Hacienda no se sientan constreñidos cuando inician algún procedimiento que tiene como objetivo una gran empresa, una multinacional, o una gran fortuna. Es decir que cuenten con la libertad de hacer su trabajo sin restricciones y con todos los medios que necesiten. Pero eso es una cosa y otra muy distinta colocar aunque sea en sentido figurado una «boca dei leone» en la puerta de la Agencia Tributaria… Vamos, digo yo.

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