Andrés Aberasturi

No entiendo nada

No entiendo nada
Andrés Aberasturi. PD

Cuando Zapatero afirmó -mientras contaba nubes- que los acuerdos a los que llegara su sucesor Pedro Sánchez serían los mejores, me permití echarme a temblar; los augurios y los hechos del ex presidente socialista han sido sistemáticamente catastróficos y equivocados en tres direcciones: dejó al PSOE al borde del abismo, levantó los fantasmas del pasado, echó gasolina a las brasas de los nacionalismos, fue incapaz de ver la crisis y hundió en la miseria la economía española.

Que la gran aportación de Rodríguez Zapatero a la historia de la democracia española sea la legalización de los matrimonios homosexuales -y que no me hablen de la Ley de dependencia porque fue una ley zombi que el PP se encargó de rematar- no parece equipaje suficiente para estar demasiado orgulloso. Bueno, pues a la vista de lo que va aconteciendo, al final va a resultar Sánchez le va a hacer bueno.

No lo entiendo, y aunque sea por todo lo que fue y supuso para una generación de españoles, este PSOE de Sánchez -como el anterior de Zapatero, insisto- no se lo merecen ni sus militantes ni sus votantes.

Resulta verdaderamente incongruente, y yo creo que todo el mundo se da cuenta menos el grupito de aduladores que no se puede jugar a tantas barajas, que lo que está haciendo es una política de no ya de tahúr del Mississippi -¿recuerdan aquellas cosas de Guerra?- sino de trilero de esquina de la Gran Vía. Le pierde el afán desmedido de llegar al poder de la forma que sea y ni se preocupa en ocultarlo.

A ver, es que se no se puede estar dispuestos a pactar con todos -salvo el PP- porque esos «todos» son muy distintos y en la mayoría de los casos están muy distantes. Es que no se puede hacer una puesta en escena como la que se montó con Ciudadanos y prometer que irían juntos a todos sitios para luego empeñarse hasta la humillación en tender puentes con Podemos a espaldas de sus socios de ruta.

Es que no sólo es imposible contentar a todos sino que, además de imposible, es políticamente inmoral. Es que no basta unir dos palabras, regeneración y progreso, y pretender que con esa base -que es solo retórica- te apoyen partidos que se declaran anticapitalistas, antieuropeos y antiespañoles.

Es que el PSOE es el PSOE desde hace mucho más de un siglo y no tiene por qué aguantar vejaciones de unos y de otros, transigir con estupideces histórico-culturales como está pasando en esta semana santa o caer en un populismo que hace cuatro días condenaba de forma enérgica.

Es que el secretario general del PSOE no puede cometer el error no ya de pedir a Tsipras su mediación para que Podemos les ayude, sino encima anunciarlo y, más encima aun, llevarse el corte del siglo cuando el griego le dice que no se mete en los problemas de otro país.

¿Pero hasta donde hemos llegado? No puedo creer que los militantes de aquel PSOE acepten sin más toda esta cadena de desgarros que se están haciendo en el partido. No se pueden poner las siglas de muchos a los pies de los caballos para que se salven unos pocos.

No entiendo nada; no entiendo a Sánchez y a los suyos y no entiendo que Rivera no haya salido ya del acuerdo escarmentado por todo lo que está pasando. No entiendo que en el ejemplar Podemos, tan lleno de círculos y asambleas, se imponga por las buenas -o por la malas- la decisión personal de un líder que en su día llegó a ser carismático.

Y lo que ya no entiendo desde hace mucho tiempo es la siesta que lleva durmiendo el Partido Popular, ajeno por completo a la realidad, rodeado de escándalos por todos sitios, incapaz de hacer otra cosa que proclamar que Rajoy no se rinde. Si da igual que se rinda o no, si Rajoy, mal que les pese, ya no cuenta.

No entiendo qué está pasando en esta España de todos; pero eso no es lo malo, claro. Lo verdaderamente peligroso es que estoy convencido de que tampoco lo entienden quienes deberían solucionarlo.

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