Fernando Jáuregui

España, cerrada, también por vacaciones

España, cerrada, también por vacaciones
España, economía, salud. PD

España ha colgado el ‘cerrado por vacaciones’. Se llenan los hoteles, los restaurantes, las playas, los cines, las carreteras. La gente, la gente que puede hacerlo, naturalmente, escapa.

¿Por qué iban a ser una excepción los políticos? ¿Quizá solamente porque, como titulaba socarronamente un periódico este Jueves Santo, día del amor fraterno, «Sánchez e Iglesias acuerdan iniciar ‘ahora’, pasadas las vacaciones, el diálogo, tras tres meses»?

¿Acaso porque, al fin y al cabo, Rajoy ya no tiene casi con quien hablar, así que qué importan unos días de asueto más o menos? Ya ven ustedes que, prudentemente, este año nuestros -por decir algo_ políticos han obviado contarnos dónde pasarán estos días sagrados, cargando pilas sin duda para las próximas sesiones negociadoras, en unas temo que inmerecidas vacaciones.

Estas próximas sesiones negociadoras -también por decir algo- contemplarán una situación agravada por la inacción que nos ha llevado -eso: tres meses y cuatro días después_ a donde estamos: no exactamente igual que el pasado 20 de diciembre, porque entonces aún acudíamos a votar con cierta ilusión, aunque con la aprensión de que incubábamos un país ingobernable.

Ahora estamos mucho peor, porque hemos certificado que este país se vuelve, en efecto, ingobernable, y hay quien parece estar procurando afanosamente que lo sea.

Ingobernable. Ufff, no quisiera dar la impresión de que me encuentro en una fase demasiado pesimista. Pero mire usted: me parece que no puede discutirse que, más o menos, ante las ‘procesiones negociadoras’ de la semana próxima, la situación podía resumirse como sigue: – España pierde prestigio a chorros en los foros internacionales. El Gobierno en funciones que no funciona ya ni es consultado en Europa a la hora de coordinar la lucha antiterrorista, aunque todos saben que los servicios secretos españoles son pioneros en información sobre el yihadismo.

Pero ¿quién va a confiar en unos servicios secretos que pueden caer bajo el mando de Podemos, si las cosas salen tan mal como podrían salir? – El PP está bajo mínimos.

Mariano Rajoy, que se aferra al ‘resistiré’, como un numantino sabiendo que está cercado y que morirá con las botas puestas, dicen que ha visto enfriarse sus relaciones con el Rey -tremendo error el de no presentarse a la investidura, aunque él ni siquiera lo reconozca-, patentemente no tiene contacto ni con Puigdemont, ni con Urkullu, ni con Susana Díaz y ya no sé si lo tiene siquiera con su correligionario Núñez Feijóo, el presidente de la Xunta que el próximo día 2 decide su futuro: seguir como candidato para las autonómicas de octubre, ‘venirse a Madrid’ o marcharse de la política «dando ejemplo», te dicen algunos por tierras galaicas – Al PSOE tampoco le marchan muy bien las cosas, aunque Pedro Sánchez necesite seguir pedaleando en la rueda de una ilusión desilusionante: no puede, simplemente no puede, pactar con Podemos, por mucho que vaya aplazando el desencuentro definitivo (ahora, hasta el próximo miércoles). Y, si pacta, será aún peor: menudo gobierno podría formarse.

Ahí está, en todo caso, vigilante y dicen que muy enfadada por la situación, la ‘lideresa’ andaluza. ¿Sentada en el banquillo a la espera de algo?

En San Telmo recuerdan aquella cuasi promesa de Sánchez en febrero, cuando dijo «espero que los españoles tengan el Gobierno que se merecen a comienzos de marzo». Estamos a finales de marzo y los españoles tenemos el desgobierno que no nos merecemos.

– Y de Podemos ya ni hablamos: el ‘número dos’ de Pablo Iglesias, Iñigo Errejón, escenifica su distanciamiento del líder, a quien le crecen los críticos hasta en la alcaldía de Barcelona, donde Ada Colau sigue siendo, pese a todo, un valor firme. Podemos no es una fuerza en disolución, aunque a algunos, muchos, les gustaría: sigue fuerte, quizá como el penúltimo valladar contra el independentismo -quizá, ojalá-, en Cataluña, en el País Vasco, en Galicia y otros muchos puntos de España.

Pero esta formación tiene que pensar qué quiere ser en la vida, además de hacer a su líder vicepresidente ‘plenipotenciario’ y a su cohorte ministros: no está, ni de lejos, preparada para gobernar en el undécimo -dicen- país más importante del mundo. No todavía, no durante bastante tiempo, y Sánchez y su comité federal lo saben. Otra cosa es que actúen en consecuencia.

– En Ciudadanos reina el desconcierto. Pero ¿no había prometido Pedro Sánchez que acudiría con su socio Albert Rivera a todas sus entrevistas en pro de lograr un pacto de investidura?

Pues resulta que, a las primeras de cambio, se va a ver a Pablo Iglesias él solito, y deja a Rivera a la puerta, con la mosca tras la oreja, aunque en Ciudadanos aparenten que todo es normalidad.

¿Normalidad? No podemos vivir en una mayor anormalidad política. La procesión, nunca mejor dicho en estos días penitenciales, va por dentro en la formación naranja, claro. Y no solo en la formación naranja.

– Contento debe de estar el Rey con esta situación, que le aleja de sus obligaciones protocolarias en el interior y en el exterior y le fuerza a un inmovilismo que sospecho que el olfato de Felipe VI sabe que le puede costar a él también caro. No en vano es el primero de los españoles, a los que, sin duda, nos va a tocar pagar una factura considerable gracias a la impericia con la que nuestros -sigue siendo un decir_ representantes se están comportando.

Así que no me extraña que las buenas gentes que componen eso que se llama sociedad civil y que son las que, con su quehacer cotidiano, salvan la situación -además de pagar el pato, por supuesto- se hayan largado masivamente en busca de un poco, un poco, de asueto, a ver si, al regreso, las cosas adquieren la apariencia de irse enderezando.

Lo que ocurre es que ya son demasiados los desaguisados como para que, de golpe, venga alguien a arreglarlos.

Máxime cuando ese alguien es, sin duda, uno de los responsables de que estemos como estamos. Menos mal que nos quedan las espléndidas cifras del turismo, y ahí tenemos hasta a Merkel y Cameron disfrutando del buen sol de Canarias.

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