Manuel del Rosal García

Miseria física (de las gentes), miseria moral (de algunos políticos)

Miseria física (de las gentes), miseria moral (de algunos políticos)
Manuel del Rosal García. PD

«Yo voté a Kichi porque ya estaba harta de esos políticos encorbatados que nuca cumplían, pero al final él se ha convertido en uno más que olvida lo que prometió después de conseguir tener a los votantes en su bolsillo» Tamara Escarcena y Juan Antonio Albiol a la cara de «Kichi», alcalde de Cádiz.

La miseria física es mala, se sufren las carencias de una vida precaria y afecta a la percepción de las cosas, te confunde porque el cerebro se ve muy afectado por situaciones emocionales difíciles de controlar y soportar. Ningún ser humano, a no ser que esté afectado por alguna tara mental, desea y busca la miseria física, ni para él ni mucho menos para sus seres queridos.

La miseria física tiene solución, basta con tener un empleo que te permita vivir dignamente. La miseria moral está dentro de las personas que carecen de un mínimo de respeto hacia los demás, buscan tan solo su beneficio, son egoístas en grado sumo, tratan de engañar para obtener réditos, no tienen escrúpulos, manipulan y pasan por encima de cualquiera con tal de obtener sus propósitos. La miseria moral, muchas veces, medra a costa de la miseria física de la que se vale y a la que usa y utiliza para sus objetivos.

Los partidos populistas vieron una mina en la situación de crisis por la que atraviesa España. Hicieron creer que todo era culpa de un hombre y de un partido.

Los populistas solo actúan cuando la pobreza se instala en la sociedad. Sus propuestas serían tiradas a los vertederos en un país rico, con pleno empleo y futuro; por eso necesitan de los pobres, de los marginados, de los indigentes, de los que sufren miseria física; ellos son su caldo de cultivo.

Sabiendo que la precariedad física afecta a la mente, la cual no rige lógicamente y distorsiona la visión de la realidad, trabajan a esas gentes haciéndoles creer que los únicos culpables son los que gobiernan y que todos los males que sufren desparecerán si gobiernan ellos. Entonces despliegan toda una batería de promesas ofertadas a los que sufren las carencias provocadas por las crisis.

Desde su miseria moral y su desprecio hacia los que dicen que van a ayudar y a mejorar sus vidas vomitan por sus bocas cuentos chinos que dibujan una vida de paz, riqueza y felicidad para los desafortunados. Su miseria moral, su falta de sensibilidad y respeto hacia quienes dicen defender les convierte en hienas que viven de los despojos de quienes la crisis ha llevado a la miseria física. Saben estos miserables que cuando un hombre se encuentra al límite de su resistencia vital no piensa bien, no reflexiona, no ve más que oscuridad en ese túnel de la miseria física en la que se encuentra.

Hombres y mujeres como Tamara y Juan creyeron en esos flautistas de Hamelin que, con la dulce música de su flauta, les convencieron de que si les votaban les conducirían a un mundo repleto de todos los bienes sin mezcla de mal alguno. Cuando la música de estos ruines, mezquinos y miserables flautistas de Hamelin cesó, los que les votaron comprobaron que, no solo no cumplían con lo que prometieron, sino que les habían conducido, como a las ratas del cuento, hacía el borde de un precipicio.

Los miserables de Podemos, que viven como la casta a la que tanto criticaron, hacen todos como Kichi, ese inefable por lo ruin y mezquino, alcalde de Cádiz: no cumplir nada de lo prometido, sino, y también, expulsarlos de sus ayuntamientos cuando van a decirle a la cara la miseria que escondían en sus negras entrañas, cuando vociferaban desgañitándose ofreciendo como los antaño vendedores ambulantes: ¡¡Y si me votas, además de la manta, de regalo este bonito peine de concha de galápago!! ¡Porca miseria!

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