Victor Entrialgo de Castro

El país de nunca hay sitio

El país de nunca hay sitio
Víctor Entrialgo de Castro, abogado y escritor. PD

En Semana santa no hay sitio ni en la procesión, ni en los balcones. Aquí donde triunfa la economia sumergida y no hay sitio en el restaurante, ni en el teatro ni en el concierto, crujen a los contribuyentes que producen en la superficie y un montón de nuevos ricos de la política, recién llegados al Parlamento donde se quieren jubilar, piden un escaño con vistas.

En este pais de jubilados donde no hay sitio en los bares pero está paralizada la actividad económica, algunos pretenden gobernar para subir los impuestos a los pocos que trabajan, aumentar el número de funcionarios y seguir metiendo en la Administración a sus comisarios para que estorben a los que allí trabajan y se pongan a matar moscas con el rabo.

Mientras Ciudadanos, que no acaba de encontrar el sitio, duerme con su enemigo, los más «ávidos de poder» que lo llevan en el nombre, hace cuatro días gritaban «no nos representan» y ahora se representan sobre todo a sí, se han hecho un sitio a bases de escraches y coacciones, ganan pasta de casta gansa, a la que no hacen ningún asco, proponen para los demás pasar al modelo griego y para ellos, pasar de no haber trabajado nunca, a no trabajar jamás.

En este pais «inverosímil» de nunca jamás, en los pueblos costeros en invierno no hay un alma pero tampoco entonces hay un sólo sitio para aparcar. Por cada peatón, como ocurre en semana santa y multiplicado en la ciudad, pasan cuatro o cinco coches que no encuentran aparcamiento frente la puerta de un Bar.

Y el Parlamento de una Nación que no tiene gobierno, está veinte de vacaciones de semana santa, con sus diputados esparcidos por una Nación de la que reniegan. Mientras, el único Bar en silencio de todo el país, el del Congreso, espera que llegue a galope el nuevo Presidente o a que las nuevas elecciones saquen a alguno de estos intrusos oportunistas de la barra, mientras cientos de turistas con sus autobuses aparcados en bateria o en doble fila sustituyen con su claxon a la algarabía de los diputados que también van al parlamento de excursión, aunque ellos no lo sepan, y que estos dias, ya tienen, lo que no tenían, dias y dinero suficiente para irse a dejarnos el alma en paz. No haya nada más cansado que conspirar.

En este pais donde nunca hay sitio, hay otro mal endémico peor: que hay demasiada gente al abrigo de los partidos, -en lugar de la Nación,- que buscan un lugar al calor de la política, en lugar de buscarlo en Benidorm.

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