Santiago López Castillo

Mario y las Visitadoras

Mario y las Visitadoras
Santiago López Castillo. PD

Decía Picasso que cuando se es joven, se es joven para toda la vida. Aseveración que el genio hacía a los noventa años. Uno, modestamente, piensa que era una pose o forma de tirarse el moco para no coger el paracaídas del tiempo. Veo en la prensa, hasta en la sopa, especialmente la del couché, que Vargas Llosa es feliz con su retoño de amor, su, como se sabe, Isabel Preysler, figura frágil de porcelanosa. Ella tiene 65 y él 80. Ella -no me pregunten su atracción, sus afeites y cirugías- ha estado casada con la fama y él, encumbrado por ella, o sea, la literatura, el súmmum, el Nobel de literatura. En seguida, en cuestión de edades o vidas paralelas, se viene a las mientes el caso del irrepetible y magnífico Nobel en lengua española llamado Camilo José Cela y su enamorada Marina Castaño, para mí mercante de la marina, que se conocieron en el water de un hotel para lavarse la cara porque se habían estropeado las cañerías del lavabo, todos los conductos conducen a Roma.

Al escritor peruano se le ve crecido, amante o marido de la filipina. Atrás quedan Julio Iglesias y Boyer y quien venga. Mario deja atrás a una tía y a una prima y las visitadoras que le lleguen, que deben de ser interpretadas en el buen sentido de los casorios, y no en el de su afamada novela. Esto de las bodas o arrejuntamientos con diferencia de edad da mucho que hablar a los gacetilleros del corazón. Se recuerda el matrimonio entre la mediocre escritora Carmen Posadas y Mariano Rubio, aquel gobernador del Banco de España al que se le buscaba por trinque, míreme a los ojos, y el jefe de la Guardia Civil, que debía de detenerle, un tal Roldán, estaba desaparecido, amasando dineros.

Mas me desvío. El amor en la última edad, lo de la penúltima es una ilusión, un deseo, produce un vino añejo que está de bandera. De bandera pueden estar, nunca a media asta, Brigitte Bardot o Sofía Loren, que Dios guarde para bien de todos, solaz de añorantes y consuelo de tirios y troyanos. La pareja Preysle-Vargas Llosa no está para que se les diga a la vejez viruelas y que, además de este nuevo lance, a estos tórtolos de invierno que les quiten lo bailado. En este sentido, comentaba Picasso, otra vez Picasso, que para ser joven se necesitaba mucho tiempo, lo que es tanto como atisbar que la verdadera juventud, no la del mero calendario, precisa de un largo aprendizaje. Y tanto una como el otro son en estos menesteres académicos cum laude.

PD.-Vargas Llosa, en su favor, dice Hispanoamérica, no como la tergiversadora realidad de la historia que EE. UU., Francia, Italia, Portugal, etc. pronuncian en su propio beneficio.

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