Lucía Méndez

«La Moncloa, como en la Casa de Bernarda Alba, ha cerrado las ventanas al aire fresco»

"La Moncloa, como en la Casa de Bernarda Alba, ha cerrado las ventanas al aire fresco"
Lucía Méndez. PD

En El Mundo, Lucía Méndez hace una curiosa y acertada comparación entre La Moncloa de Mariano Rajoy y la Casa de Bernarda Alba, la genial obra teatral de Federico García Lorca:

Mariano Rajoy es un hombre de 60 años con algunas dificultades para entender el mundo en el que vive. No se lo reprocho. Yo tampoco entiendo muy bien lo que sucede. Sin embargo, procuro esforzarme. Petrificarse es cómodo, pero no sale a cuenta. Tarde o temprano, el aire del tiempo abre las ventanas y acaba sacudiendo los cimientos de lo que parecía inmutable.

Rememora que:

Después de las elecciones municipales, Mariano Rajoy hizo cambios en el PP, en contra de sus deseos y sólo porque le pusieron la cabeza como un bombo. La nueva política exigía salir en las televisiones y la dirección andaba algo escasa de telegenia. Aunque no le pareció muy serio -nada se lo parece de un tiempo a esta parte- nombró a cuatro vicesecretarios jóvenes como los dirigentes de Ciudadanos. Pero sólo los quería para que fueran a la tele, obedecieran sus órdenes y glosaran sus virtudes como líder. Es decir, para que hicieran lo mismo que hace Soraya Sáenz de Santamaría.

No se le ocurrió que sus vicesecretarios podían llegar a pensar por sí mismos y abochornarse públicamente por la corrupción rampante del PP. Mucho menos pensó que tuvieran la osadía de poner en cuestión a Rita Barberá, la mujer a la que prometió amor político eterno, en la salud y en la corrupción. Tal vez los vicesecretarios -voluntariosos e ingenuos- se tomaron en serio que eran dirigentes del PP. O incluso pensaron que pertenecían al equipo de Rajoy, cuando su jefe nunca ha necesitado equipo.

Dice que:

La Moncloa de Rajoy -según relataron ayer en este diario Marisa Cruz y Jorge Bustos- ve con malos ojos que «los Casado, Maroto y Eva Levy» -así los llama su jefe con cierto desdén- sean tan duros contra la corrupción. El sanedrín quiere cortar de raíz los brotes verdes. Contra la corrupción sólo se puede decir lo que digan Rajoy y Sáenz de Santamaría. Ni una palabra más. Se empieza por criticar a Rita Barberá y se puede acabar dudando del amado líder.

Y sentencia:

La Moncloa ha cerrado las ventanas al aire fresco. Mejor un partido muerto que un partido vivo. En la última escena de La casa de Bernarda Alba, la autoritaria madre ordena cerrar las ventanas tras el suicidio de Adela y dicta órdenes. «Ella, la hija menor de Bernarda Alba, ha muerto virgen. ¿Me habéis oído? ¡Silencio! ¡Silencio he dicho! ¡Silencio!». Los valientes vicesecretarios han roto el silencio.

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Autor

Juan Velarde

Delegado de la filial de Periodista Digital en el Archipiélago, Canarias8. Actualmente es redactor en Madrid en Periodista Digital.

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