Santiago López Castillo

Ediles inservibles

Ediles inservibles
Santiago López Castillo. PD

Mi santa, cuando se le agotaba la paciencia, solía exclamar ¡qué trabajo nos manda el Señor! No sé si los ciudadanos españoles exclamarán de aquella manera, pero mucho me temo que sus interjecciones serán más gruesas y retumbantes. Qué pandilla de inútiles, regeneracionistas de salón y de mochila. En los pocos meses que llevan en el cargo han multiplicado por mil los usos y costumbres que denunciaban: la incompetencia, el nepotismo, el trinque, los salarios, los coches oficiales, el boato… Ah, pero comisiones de investigación las accionan a todas horas, el caso es remover la basura mientras los excrementos rebosan las aceras y no siempre achacables a los perros, que los pobres a veces tiran de la cadena. Es una de las artimañas de estos políticos residuales para hacer revisionismo de la derecha.

Pero usted no culpa de la inutilidad de los ayuntamientos a los nuevos moradores, o sea, los podemitas y otras hierbas, sino a los votantes engañados. Los regidores actuales son toda una casta con caspa. No van a misa pero rezan el credo del marxismo-leninismo. La palma, no de ramos, se la llevan -como se sabe- las alcaldesas de Madrid y Barcelona. Joder, qué tropa, sin olvidar al chiquilicuatre de Despeñaperros que quiere resucitar la FAI. Además de ineptas, la Colau y Carmena son irrespetuosas y maleducadas. Una se caga en el Ejército y la otra, en la policía, que quiere hacerla beatífica pese a su redomado agnosticismo:

– ¿Me permite usted registrarle con infinita suavidad y si quiere se fuma un puro…?
– Hecho.

Menos mal que ya no vivo en la gran urbe, o sea, Madrid, sino en un privilegiado lugar de la sierra matritense pero que también tiene alcalde podemita, y más hacia la capital, el regidor/a es más rojo/a que una granada de comer, la otra, con mayúscula, es musulmana y enamoradiza de Al Andalus. Trataba de referirme a Manzanares el Real.
Al jerifalte de mi ayuntamiento lo espanté al decirle que no me mandara más correos con lenguaje sexista, uso y costumbre de la izquierda analfabeta a la que no le cabe el genérico pero sí el orgullo gay de lesbianas y maricones. Su gran capacidad intelectual, el del alcalde del lugar, ha consistido en cambiar el nombre de una calle adyacente a mi urbanización, Muñoz Grandes, por calle de los Ganaderos y no se ve un ternero, todos son chalés (el munícipe también lo tiene pero se exculpa diciendo que es de su mujer).

Los políticos creen que los votos se consiguen con la labia, esa traidora herramienta impulsada por la falsa sonrisa consistente en dar gato por liebre a sabiendas de que una ciudadanía inculta se lo cree. Estamos en ello.

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