Fermín Bocos

Las cuentas de Podemos

Las cuentas de Podemos
Monedero y Pablo Iglesias (PODEMOS). EP

Las informaciones y documentos publicados en relación con la financiación concedida hace unos años por el Gobierno chavista de Venezuela a favor de la fundación CEPS (Centro de Estudios Políticos y Sociales) no están fuera de la realidad.

Que con ésa fundación hayan tenido relación Pablo Iglesias, Juan Carlos Monedero o Iñigo Errejón, políticos que a la sazón encabezan la cúpula del partido Podemos es lo que transforma las informaciones en escándalo.

De él derivan algunas sobre actuaciones. Empezando por los desmentidos. Iglesias y Errejón se fuman un puro ante las peticiones para que intervenga la Fiscalía a sabiendas de que quedaran en nada. ¿Por qué?

Pues porque querellas anteriores fueron desestimadas visto que en las fechas en las que recibieron el dinero para CEPS, Podemos no existía como partido político. Cosa diferente es el juicio político y ético que pueda derivarse al considerar que al margen de la época en la que recibieron la subvención, aceptaron ser financiados por un régimen populista que ha conducido a Venezuela a días amargos de falta de libertad y persecuciones políticas .

Otra sobreactuación tiene como protagonistas a miembros del Gobierno que se rasgan las vestiduras ante las mencionadas revelaciones. Conocidas, ya digo, antes de que Podemos existiera; desde los tiempos en los que las terminales mediáticas afines al PP llamaban «perros flauta » al movimiento generado alrededor del 15M.

Cuando alguien con poder -torpe aprendiz de brujo- observó que entre las filas de aquella desordenada marabunta anti sistema había gente universitaria, politólogos decididos a vertebrar un proyecto capaz de disputar al PSOE el liderazgo de la izquierda, los bautizados como «frikis» pasaron a tener barra libre en los platós de ciertos canales de televisión.

Canales que en algún caso concreto, de no ser por la mediación del Gobierno, habrían tenido que cerrar dada la situación de quiebra técnica por la que atravesaban sus finanzas.

¿Por qué salen a relucir ahora historias hace tiempo conocidas? Parece obvio. El PSOE, Ciudadanos y Podemos negocian un acuerdo parlamentario (muy en el aire) del que podría resultar la investidura presidencial de Pedro Sánchez. Nunca pensaron los estrategas del PP que la cosa pudiera llegar tan lejos y les ha entrado un ataque de pánico.

Cabe preguntarse sí quienes hicieron de aprendices de brujo procurando las condiciones objetivas que favorecieron el crecimiento de Podemos (el «Tren de Finlandia» al que en alguna ocasión se ha referido Pablo Iglesias) y lo hicieron con estudiada frialdad para alentar el crecimiento de una fuerza capaz de debilitar al PSOE no deberían ahora reconocer el inmenso error cometido.

Reconocer el error o siguiendo la sabia recomendación de Wittgenstein, callar. Callar para no tener que asumir tanta torpeza.

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