Laureano Benítez Grande-Caballero

Desayuno con diamantes

Desde que la tropa podemita irrumpió en la escena política española, abrir cada mañana la prensa diaria es penetrar en una auténtica antología del disparate

Desayuno con diamantes
Laureano Benitez Grande-Caballero. PD

Desde que la estampida de búfalos cafres podemitas irrumpió devastadora en nuestras estepas y valles, en nuestras plazas y hemiciclos, desayunar con un periódico a mano se ha convertido en un auténtico thriller que produce sorprendentes sentimientos bipolares, porque las payasadas que protagonizan a diario los morados igual te dan una taquicardia de aquí te espero, que te provocan carcajadas a mandíbula batiente.

Yo cada día me pregunto, al abrir la prensa, con qué me sorprenderán -si es que esto es aún posible, porque uno ya se va curando de espantos- estos tipos del puño en alto, con qué nueva bufonada noticiosa me obsequiarán para abonar mi indignación o mi carcajada. Por ejemplo, saber en quién se va a cagar hoy Willy el Toledano, de qué paraíso fiscal le habrá caído otro milloncejo más a CEPS, qué otro país se apuntó a la colecta propo Podemos, qué blasfema performance habrá sido representada por ahí a cargo de titirietarras violamonjas, qué nuevo ministerio habrá pedido Pablenin al primero que pase por su lado, a quién habrán amenazado con guillotinar por banquero o juez, de qué preso etarra dirán que es un amante de la paz, a qué torero le habrán escracheado, a qué Virgen habrán quitado de los festejos de su barrio… y tal, y tal, y tal.

A estas noticias también se las podría llamar «diamantes», pues son auténticas joyas de la barbarie, «Guinness» total por su record de estupidez inalcanzable. Otra metáfora excelente sería llamarlas «perlas cultivadas», aunque descendiendo prosaicamente al lenguaje okupa también se las podía llamar «cagadas».

El caso es que son verdaderas joyas para el periodismo, porque son un inagotable filón de novedades, aparte de que revientan las redes sociales y son caldo de cultivo para tertulias y debates.

Engarzando estos diamantes y perlas se podría hacer una antología del disparate, o una pasmosa joya digna de Tiffany’s, para ser contemplada mientras se devora el cruasán mañanero. Eso es lo que hacía Audrey Hepburn en la película de «Desayuno con diamantes» (1961), solo que ella no leía los diarios, ya que la bollería del desayuno la engullía observando el escaparate de la famosa tienda neoyorkina.

Pero también se podría entender eso de los diamantes al pie de la letra, porque algunos podemitas manejan tantos fondos, que les daría para tomar su desayuno contemplando alguna joya diamantina, comprada por ellos u obsequiada por un gobierno de esos a los que tan bien caen. ¿Para cuántos diamantes dan los 7 millones de euros con los que la joyita de Chávez untó a los protopodemitas de la CEPS?
Pablenin, que tanto habla de la «gente de abajo» gana más de 100.000 euros al año -o sea, que él no es «gente», y además Hacienda le devuelve-.

No sé lo que valdrá un diamante, la verdad, pero me da que con esa suma alguno podrá comprarse de vez en cuando para su desayuno. Igual sucede con Monedero, la Bescansa, la Carmena y la Colau, regidoras que salen también por 100.000 eurillos, porque eso de donar casi todo lo que cobran para quedarse solo con 1.900 euros mensuales creo que todavía no lo han hecho. Igual algo les ha caído a Tiffany’s, y yo sin enterarme.

Pero no es diamante todo lo que reluce, porque nadie es perfecto, ya que estos diamantes son «en bruto», dada la proverbial mala educación y la soez cutrería de esta banda radikal. Tienen títulos universitarios, ya, pero «Salamanca no da lo que natura no otorga».

Una banda donde hay meonas, asaltacapillas, femen, okupas, titiriteras, insumisas vaginales, bolleras, brujas -las nietas de las que no pudo quemar no se sabe quién, según sus propia expresión-, me da que no puede ir a Tiffany’s a otra cosa que no sea a escrachear a las pijas ricas o señoronas jet que se dejen caer por allí, o a okuparla el día menos pintado.

Y no quiero ser mal pensado pero, ¿qué ocultarán estos pijoprogres leninistas en ese puño cerrado? ¿Quizá algún diamante?

Al hilo de la película de Audrey Hepburn hay un puñado de frases geniales que son verdaderos diamantes a la hora de explicar la política española actual: Imaginen a Pablo Iglesias diciéndole a Sánchez:

– Si tuvieras dinero (diamantes), me casaría contigo al instante. ¿Harías lo mismo?
– Al instante.
– Por suerte, ninguno de los dos es rico.
– Sí.

Otro diamante es el siguiente, que podrían declamar los dos al unísono: «Somos un par de seres que no se pertenecen, un par de infelices sin nombre, porque soy como este gato, no pertenecemos a nadie. Nadie nos pertenece, ni siquiera el uno al otro». Es decir que, menos España, no les pertenece nada. Ya es mala suerte que nos tocara a nosotros.

Para mí que la clave iniciática de todo parece estar en el gato, que igual está triste y rojo al ver que no pertenece a nadie, que ni siquiera tiene nombre.
Pero quizá la joya de la corona sea este chispeante diálogo rojo entre sociata y podemita:

– ¿Sabes cuándo uno pasa por los días rojos?
– ¿Los días rojos? ¿Quieres decir deprimidos?
– No. Te deprimes cuando engordas o cuando llueve mucho.

Te pones triste: eso es todo. Los días rojos son horribles. De repente, uno tiene miedo y no sabe por qué.
– Por supuesto.

– Cuando me siento así, lo único que me ayuda es subir a un taxi e ir a Tiffany´s. Me calma los nervios enseguida. Es tan silencioso y soberbio. Allí no puede ocurrir nada malo. Si encontrara un lugar que me hiciera sentir como Tiffany´s entonces compraría muebles y le daría un nombre al gato.

Si cambiamos el taxi por el Audi oficial, Tiffany’s por el Kongreso, y los diamantes por el poder de los escaños insumisos, ese diálogo es una verdadera joya, pues la contemplación de ese poder -como si estuviese expuesto en forma de piedras preciosas en Tiffany’s- mientras engulle los cruasanes en la cafetería del Kongreso es lo que de verdad le pone al Coletudo -quien, por cierto, antes de ocupar su escaño, denunciaba el bajo precio de la bollería, que se le regalaba casi a los diputados a cargo del contribuyente-. ¿Seguirá diciendo lo mismo, ahora que él desayuna con diamantes?

Ya dijo Marylin Monroe que «los mejores amigos de las mujeres son los diamantes». ¿Y quiénes son los mejores amigos de los podemitas?: ¿Los cruasanes que esconden un diamante dentro, como si fueran un roscón de Reyes? ¿Los bolívares venezolanos? ¿Los riales iraníes?

El caso es que la chusma podemita, puesto que ha comprado sus escaños como si fueran muebles, podría ponerle ya un nombre a su lindo gatito. Yo les sugiero uno bien diamantino: Tiffany’s.

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