Fernando Jáuregui

Ya está claro: elecciones o, si no… elecciones

Ya está claro: elecciones o, si no... elecciones
Mariano Rajoy (PP), Pedro Sánchez (PSOE), Pablo Iglesias (PODEMOS) y Albert Rivera (CIUDADANOS). PD

Las trompetas pueden ir ensayando sus tonos más dramáticos para anunciar el gran fracaso. Sí, parece inevitable que haya elecciones anticipadas el próximo 26 de junio. Todo ha fallado y todos han fallado: Rajoy, no presentándose a la investidura y no abriéndose a una verdadera negociación que incluso hubiese podido pasarle por encima.

Sánchez, tratando de llegar a La Moncloa a cualquier precio, sin ver que la realidad desmentía sus esperanzas de lograr la cuadratura del círculo. Los ‘barones’ del PSOE, no poniendo unos límites claros a la negociación con una formación como Podemos, que posibilitó que algunos de ellos ocupasen presidencias autonómicas.

Albert Rivera, no habiendo ofrecido al PP la oportunidad de negociar con ellos, en lugar de acceder de buenas a primeras a hacerlo con el PSOE, dejándose llevar de su antipatía personal por Rajoy. Y, finalmente, Podemos.

Lo de Podemos, verdadero eje de este fracaso colectivo, es algo más poliédrico…

Penúltimo volatín a cargo de Podemos: este viernes, Iglesias y su plana mayor comparecían por fin ante la prensa para anunciar la consulta a las bases, reiterada este viernes y ya apuntada hace algo más de una semana, para saber si los cuatrocientos mil inscritos en este partido apoyarían o no una abstención ‘morada’ a la hora de votar un Gobierno entre socialistas y Ciudadanos.

Pablo Iglesias, siempre deseoso de sorprender, dejó plantados el jueves por la tarde a los periodistas convocados tras el desastroso encuentro ‘negociador a tres’ con PSOE y Ciudadanos, para reaparecer este viernes con su anuncio de referéndum interno, una idea, esta de la consulta a las bases, ya puesta en práctica por los socialistas a finales de febrero cuando pactaron con Rivera.

De paso, Iglesias anunció, lo cual hay que admitir que es muy coherente, que si ‘sus’ bases apoyasen ese «Gobierno basado en un pacto Rivera-Sánchez», posicionándose así en contra de la postura de la dirección de la formación morada, «actuaríamos en consecuencia», es decir, que seguramente dimitirían él y todos los miembros de la ejecutiva, dejando al partido descabezado.

Como es no es previsible que esto ocurra, lo más seguro es que, tras anunciar los resultados de la consulta, el próximo día 18, tras un fin de semana de votaciones de los inscritos –una consulta que sin duda será favorable a las tesis de la dirección ‘morada’–, Iglesias rompa definitivamente los contactos con PSOE y Ciudadanos y se declare oficialmente la imposibilidad de que Pedro Sánchez resulte investido.

Una imposibilidad que, en todo caso, ya es obvia, ante la barrera alzada para un punto de acuerdo entre Albert Rivera y los suyos y Pablo Iglesias y su gente: el socialista no ha podido actuar como mediador entre ambos, y las matemáticas son tozudas; no hay mayoría suficiente para tomar la colina de La Moncloa.

Me resulta, además, impensable que Pedro Sánchez, para aliarse con un Pablo Iglesias que, de todas formas, no da demasiadas muestras de querer pactar una investidura, rompa el acuerdo suscrito hace poco más de un mes con Ciudadanos; sería su suicidio político, que, de todas formas, es bastante verosímil que se produzca bajo una u otra forma.

Y, en todo caso, lograr la aquiescencia de las fuerzas independentistas para la investidura de Sánchez con Podemos sería inadmisible para los ‘barones’ socialistas, que han advertido muy seriamente a su secretario general, a quien algunos se la tienen jurada, en contra de esta posibilidad.

Teniendo en cuenta que Sánchez se ha manifestado muchas veces tajantemente en contra de cualquier acuerdo con el Partido Popular, esté o no encabezado por Rajoy, para formar una gran coalición -sería la única alternativa viable a la repetición de elecciones–, ya no queda sino pensar en ir organizando la campaña electoral para ir a las urnas el 26 de junio.

No es, lo reconozco, una predicción demasiado arriesgada. Como tampoco lo es que esas elecciones, con una ciudadanía hastiada del espectáculo de estos ciento y pico días poselectorales, reforzarán algo al Partido Popular -sobre todo, si deja de cometer errores–, bastante a Ciudadanos y darán un varapalo a Podemos, porque los electores castigan las actitudes erráticas.

Al socialista Sánchez, si se analiza lo que dicen las encuestas, para lo que valgan, se le reconocerá el mérito de, al menos, haberlo intentado, aunque, en el otro lado, se le castigará por haberlo intentado… mal y con un exceso de ambición personal. Muchas veces se ha repetido que su gran equivocación, la que le costará la carrera política, fue aquel ‘no, nunca, jamás’ a un pacto con el PP.

Así que ya lo sabe usted: nos enfrentamos a una nueva campaña electoral, a nuevas comparecencias televisivas ante Bertín Osborne -aunque haya cambiado de cadena–, o en el Hormiguero, o con María Teresa Campos; veremos algún debate en el que se sacudirán a modo los candidatos… O sea, que no habremos aprendido, para colmo, nada. Qué país, Señor…

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