José Luis Gómez

Pésima y cansina obra política

Pésima y cansina obra política
José Luis Gómez. PD

Si España no tuviese problemas graves (paro, déficit público, ausencia de modelo económico alternativo al ladrillo, corrupción) y asuntos urgentes (pensiones, financiación autonómica, …) podría limitarse a ironizar con sarcasmo o reír con sorna ante la pésima y cansina obra teatral de gran parte de su clase política, pero como tiene esos y muchos otros problemas (desigualdad, pobreza, recortes sociales, …), la situación no admite otra opción que calificarla de grave o muy grave. Lo que en un país rico como Suiza o Luxemburgo podría tener cierta gracia, aquí aburre y conduce al hastío de manera inexorable.

Bien es verdad que no todos los grupos políticos tienen la misma responsabilidad, ni han hecho los mismos papeles, pero el resultado a día de hoy es negativo para todos. Haya o no haya nuevas elecciones, se supone que debería cambiarse de inmediato la regulación de la investidura, para evitar que esta lamentable situación de desgobierno pueda volver a repetirse en España.

Es inconcebible como en un país donde se regula casi todo, hasta el más mínimo detalle, con legislaciones que a veces incluso se solapan, el legislativo haya consentido -y siga consintiendo- vacíos legales en el proceso y el calendario de elección del Presidente del Gobierno.

Lejos de lo que sucedió en la Transición, donde un espíritu de responsabilidad propició el diálogo político y una cierta confianza entre los líderes de los distintos partidos, la España de hoy exige regulaciones más precisas, sin apenas margen para una clase política partidista e irresponsable, en medio de la ausencia de liderazgo en el conjunto de las instituciones del Estado.

Es evidente que nombres como los de Adolfo Suárez, Felipe González, Santiago Carrillo, Manuel Fraga, Miquel Roca o Juan Carlos no tienen hoy correspondencia con la nueva realidad política española, que es la que han querido los partidos políticos y la que han votado los ciudadanos, de modo que tampoco sería del todo justo no reconocer la responsabilidad de todos.

Dice un editorial del diario El País que Mariano Rajoy ha dejado pasar las semanas sin dar respuesta al envite -sin duda constructivo- de Pedro Sánchez y Albert Rivera, en una actitud tan desconcertante como resultó su renuncia al encargo del rey Felipe VI, al término de la primera ronda de conversaciones de los partidos políticos con el jefe del Estado.

Y el diario de Prisa puede tener razón, ya que Mariano Rajoy representa al partido más votado, pero no es menos cierto que el grave problema político de España no se reduce al presidente en funciones, sino que se extiende al conjunto del sistema político -cada vez más atomizado- y al andamiaje económico que le da soporte. Las cosas como son.

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