Santiago López Castillo

Los perro-flautas, es la moda

Los perro-flautas, es la moda
Santiago López Castillo. PD

En la sierra norte de Madrid no sólo se han llegado los moros, los sudacas, los rumanos y los búlgaros sino que se está plagando de perros-flauta, esa troupe que sembró de heces y de protestas el 15-M. En mi urbanización moran desde hace unos días un par de matrimonios con sus respectivas proles y sus perros y sus caravans y sus alta gama, a cual más caro. Cohabitan en un chalé de lujo, manda carallo, no es que sean gallegos, pero defienden la filosofía de los okupas por dentro y por fuera. Coincidiendo con el paseo de nuestros perros, se me presentó el perro-flauta de una de las familias que responde por Edelmiro, Edel para los amigos.

Edel, aunque no lo dice, debe ser cazador porque tiene dos perros cazadores como el braco y el espaniel bretón. Se deduce porque tienen cortados los rabos para que cuando hopeen no se lastimen el apéndice con los matorrales. Son señoritos, hijos de gente bien, de Serrano, sin duda. Edel gasta barba rala, calza mocasines color corinto, peina coleta con lazo negro a la espalda y lleva las orejas horadadas con metales, digo yo que sonoros, y piercing en la nariz para olerte mejor.

Estos perro-flautas acuden como un solo hombre a una vinacoteca, no la pinacoteca del Louvre, que está en el pueblo, villa que sólo frecuento por necesidad, la farmacia. Cuentan que se ponen ciegos a vinos, y están en su derecho, si no han de conducir. Tienen a su favor el anarquismo de lujo, nos tiramos un pedo, mejor si son dos. Efluvios serenos, por arriba o por abajo. Junto a los perro-flautas, es decir, en un vértice de la colonia, los chalés colindantes también están ocupados por marxistas tipo podemos y anda que si pueden, son los más ricos y el analfabetismo popular, basado en el odio y en el guerracivilismo, provoca exclamaciones admirativas con faltas de ortografía. Y aunque los perro-flautas son defensores del aborto, sin embargo, gustan de tener críos que llevan en la pechera colgados con un arnés. Todo ello en aras de la modernidad o retro-progresía.

Al señorito Edelmiro le gusta visitar Cuba para inspirarse, ahora menos desde que estuvo Obama pues con su tez morena tiñó la revolución. Pero queda Venezuela y los monederos-billeteros, más maduros con coleta o con rastas.

– ¿Podría darme lumbre?

Le respondo que no fumo. El perro-flauta confiesa que se está quitando del vicio y sólo fuma bosta de caballo cartujano los días impares y los pares, boñiga de toro de lidia, miura o pablorromero, todo bien secadito al sol. Ah, y en el jardín tiene un buda, señal de que el señorito Edelmiro ha alcanzado la sabiduría y el conocimiento perfecto que aprendió en la Puerta del Sol.

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