Isaias Lafuente

El ministro Soria, ni en funciones

El ministro Soria, ni en funciones
José Manuel Soria. EP

El ministro de Industria en funciones, José Manuel Soria, apareció en los Papeles de Panamá al inicio de esta semana. En estas 72 horas ha ofrecido varias versiones sobre la aparición de su nombre en la filtración.

Primero contó que era un inexplicable error que sus abogados estaban investigando. Después afirmó que la sociedad UK Lines había tenido una relación puramente comercial con su empresa familiar, pero que ningún miembro de su familia había formado parte de esa empresa.

Más tarde tuvo que reconocer que su padre había sido accionista de esa empresa. Y por fin admitió que, cuando su padre falleció y su socio dejó UK Lines, los hermanos montaron una sociedad, Oceanic Lines, de la que el ministro fue administrador hasta 1997. Eso el martes, porque el lunes dijo con rotundidad que dejó toda actividad empresarial en 1995, cuando concurrió a las elecciones para ser alcalde de Las Palmas.

Como la contradicción era ya monumental, Soria se defendió diciendo que, aunque era administrador, nunca tomó una decisión empresarial.

Un contradiós. «¿Por qué no explicó todo esto desde el principio?», le preguntaron entonces los atónitos periodistas. «Porque nadie me lo preguntó», respondió Soria con desparpajo.

La oposición ha pedido su dimisión, mientras correligionarios suyos, desde Celia Villalobos al ministro Luis de Guindos, no sólo la ven innecesaria sino que alaban su reacción a la hora de dar explicaciones.

Cuando consigan descifrar el enrevesado jeroglífico de las líneas anteriores seguramente lleguen a la misma conclusión que quien escribe. O el ministro mintió o es que sencillamente no se enteraba de nada en su vida: ni de lo que hacía su padre, ni de lo que hacía él, ni de lo que pudieron hacer, presuntamente, en su nombre. Y resulta inverosímil que esto le haya sucedido a un experto técnico comercial, economista del Estado, ex alcalde, diputado y ministro.

Pero sea por una u otra razón, el perfil que se deduce de lo relatado es incompatible con su responsabilidad al frente de un ministerio, aunque sea en funciones. Soria debería dimitir y si no, debería ser destituido por quien le nombró. Aunque cabe la posibilidad de que, visto lo visto, quizás el ministro Soria no dimita porque no recuerde haber jurado el cargo y haya ordenado a sus abogados que reclamen datos al Reino de España antes de tomar una decisión.

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