Alfonso Ussía

«Celia Máyer pretende que los huesos perdidos vuelvan a pelearse entre ellos»

"Celia Máyer pretende que los huesos perdidos vuelvan a pelearse entre ellos"
Alfonso Ussía. PD

En La Razón, Alfonso Ussía pone como un trapo a la concejal de Cultura del Ayuntamiento de Madrid, la inclina Celia Máyer a cuenta de su pataleta porque no la hayan dejado seguir revolviendo en las fosas para seguir paseando sectariamente las afrentas del franquismo:

No me gusta nada la concejala de Cultura del Ayuntamiento de Madrid Celia Mayer. Ni su aspecto, ni su actitud, ni lo que representa. «No hay concordia posible mientras haya muertos en cunetas». Se refiere a unos muertos y unas cunetas, no a otros muertos y otras cunetas. Los segundos muertos y las segundas cunetas le importan un bledo. Por otra parte, está de prestado en su cargo. Se armó un lío con la Ley de la Memoria Histórica y a punto estuvo de quitarle la calle a Viriato. Protagonizó un ridículo clamoroso que avergonzó también a los suyos, pero esta gente de la extrema izquierda tampoco conoce el significado de la dimisión. Ahora, una parte de sus responsabilidades las ha asumido la socialista Francisca Sauquillo, que por lo menos, es culta. En una de esas giras que se marca la Corona británica por sus antiguos territorios, le tocó el turno a la isla de Tristán da Cunha, de origen colonial portugués. Es una isla con muchísimas ovejas, rica en pesquería y de irrenunciable vocación volcánica. El Duque de Edimburgo, previamente asesorado, preguntó a la Gobernadora por los precios de la lana, las capturas de pescado y las amenazas de una erupción. La gobernadora no se había aprendido la lección, y Edimburgo comentó a sus allegados: «Esta gobernadora es una burra». Edimburgo es el verso suelto de la Corona inglesa y todo se le perdona.

Dice que:

No me atrevo a comparar a Celia Mayer con la gobernadora de Tristán da Cunha porque en la actualidad hay más jueces de «Podemos» que pulgas entre la pelambrera de un jabalí, y hacer bromas con las cenizas de los judíos asesinados por los nazis, los miembros mutilados por los terroristas de Irene Villa, y los cuerpos de las niñas violadas y muertas por los criminales de Alcásser es «humor negro», pero decirle a Celia Mayer que es bastante burra puede adquirir las dimensiones de un grave delito. Y uno no es Edimburgo. Retiro, pues, la equivalencia y me limito a escribir que si Celia Mayer viviera en Tristán da Cunha sería la gobernadora.

En los caminos de España había cunetas en todas partes, y fueron asesinados de un lado y del otro miles españoles. Celia Mayer está empeñada en «democratizar la construcción de la memoria y la identidad de Madrid, mediante visitas pedagógicas guiadas a cárceles y cementerios». Vamos a tener, a partir de ahora, guías turísticos especializados en cárceles, cementerios y cunetas. Y todo ello, para alcanzar la concordia. Ésta mujer, y lo escribo con todo mi estupor, ha perdido la chochola. Una concejala de Cultura, que para ilustrar el horror de la Guerra Civil española manipula las imágenes con ilustraciones de los campos de exterminio nazis y de la Unión Soviética, no puede desempeñar cargo alguno.

Remata que:

Una concejala de Cultura, que sin permiso ni soporte documental retira monumentos y placas en memoria de religiosos fusilados por los republicanos, no puede desempeñar cargo alguno. Una concejal de Cultura que se precipita y confunde nombres y trayectorias, no puede desempeñar cargo alguno. Y una concejala de Cultura que se dedica a buscar las cunetas de un lado y a pasear sobre las cunetas del otro bando, no puede desempeñar cargo alguno. Si son las cunetas las encargadas de traer la concordia, que sean todas las cunetas. Y todos los cementerios. Y todos los enterramientos masivos. Y que todos los huesos tengan el mismo derecho a ser identificados. Puede empezar por Paracuellos del Jarama, donde se juntan más de cinco mil cadáveres sin nombre.

La concordia no se consigue como propugna Celia Mayer. Se alcanza perdonando. Del perdón se llega al respeto. Y del respeto, a la concordia. Celia Mayer parece pretender que los huesos perdidos vuelvan a pelearse entre ellos.

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Autor

Juan Velarde

Delegado de la filial de Periodista Digital en el Archipiélago, Canarias8. Actualmente es redactor en Madrid en Periodista Digital.

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