Santiago López Castillo

La Justicia de un solo lado

La Justicia de un solo lado
Santiago López Castillo. PD

O el PP es un partido redomadamente corrupto o para mí que la Justicia ve por algún resquicio de la pañoleta, como hacen los magos en el escenario. Porque si no, no se explica: se impone el secreto del sumario, y todos los medios están al asalto, en tropel, es lo que se llama la pena del telediario. No seré yo quien ponga en tela de juicio a nuestros magistrados, pero nunca me gustó -me rechina- lo de «jueces para la democracia». Jueces y punto. Sin adjetivaciones. Los árbitros, que no dejan de ser juez y parte en muchas ocasiones, no se clasifican por ascendentes o descendentes en tanto en cuanto los equipos suben y bajan, ganan y pierden; últimamente se califica de forma eufemística con «el villarato», que arranca de cuando le robaron al Madrid dos ligas sucesivas en Tenerife, y el Barça, se quiera o no, además de jugar bien al fútbol, es el club más beneficiado de la competición.

Y nos podríamos remontar a los tiempos de Franco al que algunos asesinos se acogieron por el Código Penal de entonces.

– ¿Adónde quiere usted ir a parar…?
Pues, verá, que la presunción de inocencia apenas existe, le damos al pedal del garantismo y la «libertad de expresión» y el todo vale salta a una velocidad endiablada. Quiero recordar que en tiempos de UCD pusieron a caer de un burro al regidor socialista de Castilla y León y luego resultó absuelto. Pero el daño ya está hecho, y lo que te rondaré, morena. Luego Felipe implantó lo de jueces «por la tercera o cuarta vía», que eran secretarios de juzgado y desde entonces mi compadre Pablo Castellano, socialista de ley, convive con su señora jueza y esposa.

Pero a dónde pretendía ir, me preguntaba. Si usted me lo permite, que en tiempos críticos, de convulsión, todos los casos de portada, más el titular del telediario, confluyen negativamente en el Partido Popular al que se le quiere echar por el decreto del empujón. Casualidad, casualidad. ¿Y los ERES de Andalucía?, me pregunto con infinita inocencia ante el mayor fraude de la democracia, pero Pedrito Sánchez sigue incólume en la planta de caballeros de El Corte Inglés. Casualidad, casualidad. Unos casos prescriben y otros perduran, como el Aracel.

Y, por último, permítanme recurrir al venerado Francisco de Quevedo y Villegas para poner el colofón o punto final: «Donde hay poca justicia, es grave tener razón».

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