Eleonora Bruzual

La Venezuela chavista no es potencia, es impotente

Lo que se vive aquí es simplemente una tragedia cuya dimensión es francamente aterradora. Un país con grandes recursos convertido en tierra yerma, donde ya hasta la esperanza es un imposible

La Venezuela chavista no es potencia, es impotente
La periodista Eleonora Bruzual. PD

Lo de Venezuela no es una acumulación de problemas de fácil superación

Leo entre los tweets que llegan a mi TL, una reflexión inteligente de una venezolana que señala que cuando el chiste o como se dice en el argot popular «la mamadera de gallo» es tendencia y la crisis, la salud y la muerte están en último lugar como tema en las redes sociales, hay que activar alarmas…

Es obligante poner fin a estos horribles 17 años de destrucción, de saqueo y de violencia aterradora. Hay que acabar con la pasividad de un pueblo aparentemente incapaz de reaccionar y sacudirse el mal camuflado en una seudo revolución.

Lo de Venezuela no es una acumulación de problemas de fácil superación. Lo que se vive aquí es simplemente una tragedia cuya dimensión es francamente aterradora. Un país con grandes recursos convertido en tierra yerma, donde ya hasta la esperanza es un imposible.

Lo de Venezuela lo sintetizo recordando que un país donde entraron miles de millones de dólares durante el lapso que lleva el castrochavismo en el poder ni un embalse fue construido, ningún complejo hidroeléctrico, ni hospital acorde a las acuciantes necesidades de servicios de salud; no se sembró ni un tomate y la única gran cosecha fue la de ladrones del oficialismo y también de bandas que en ciudades y pueblos de una geografía abandonada a cuanto delincuente transite por ella, han hecho y hacen lo que les da la gana.

Venezuela donde un enfermo de vanidad y ambición pretendió ser el gran caudillo americano y a costa de millones de seres que la pueblan, repartió la riqueza de toda una nación entre sus familiares, sus acólitos, sus felicitadores y el enjambre de chulos que ante la rebatiña estructurada como política se abalanzaron como plaga devastadora, dejando a uno de los grandes estados productores de petróleo del mundo en ruinas y al borde de un colapso que ya asoma sus fauces, y será demoledor.

Puedo enumerar cada área devastada, cada estructura de los sistemas indispensables para que una población logre subsistir y además ser generadora del desarrollo que esta peste maligna en el poder liquidó. Puedo pero me centraré -como ejemplo de un todo- en los recursos hidráulicos y eléctricos de Venezuela, aterradoramente inexistentes hoy.

Apuntaré a ese comodín que para una sarta de hampones está resultando el fenómeno climático de «El Niño», que afecta a todo el continente, y que en Venezuela el castrochavismo ladrón nos pretende mostrar como el causante de la falta de luz y agua, aunado a un cuento de la irracionalidad y aumento en el consumo, algo que solo unos necios pueden creer, necios que cada vez son menos y que por migajas corean las mentiras de ese peligroso inepto que es Nicolás Maduro, aumentando el desastre con el absurdo de decretar días libres tanto para empleados gubernamentales como para estudiantes de institutos públicos. Días libres que comenzaron por el viernes de cada semana y ahora amplió al lunes, lo que hace que de una semana, sólo se trabaje o se estudie tres días.

Caos que ya lleva a personalidades mundiales y a instituciones y medios de comunicación a alertar contundentemente. Uno de ellos, The Washington Post que este pasado 13 de abril dedicó un severo editorial al Gobierno venezolano. En él afirmó que la situación en el país requiere de forma «desesperada» la intervención política por parte del resto de los Estados americanos.

No pasaron 24 horas cuando un energúmeno encadenó radios y televisoras para insultar al diario estadounidense y a todas las mentes sensatas y democráticas que ven llegar la hecatombe. Maduro rodeado de ese residuo inservible que aún le secunda sigue culpando a los norteamericanos, a los adversarios, a los medios de comunicación, a «La oligarquía» a la cacareada guerra económica y hasta a las mujeres que utilizan secadores de pelo, del desastre consecuencia del saqueo que estructuró y comenzó el bandido Hugo Chávez y han seguido ejecutado todos sus secuaces y asociados para delinquir.

Los hampones se atrincheraron en el poder en Venezuela, ante la realidad de no tener donde estar seguros, están haciendo barbaridades con tal de seguir dominándolo todo. Los hampones civiles y militares desconocen la voluntad del pueblo y anulan el Poder Legislativo elegido constitucionalmente en diciembre pasado.

La luz y el agua desaparecieron a medida que la voracidad de militaruchos, cubanos y corrompidos hijos de «notables» familias marcó el hacer de la realidad hidroeléctrica y que junto a la ausencia de medicamentos, de alimentos y de seguridad hacen que Venezuela no sea Potencia, pero sí sea impotente.

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