José Ignacio Torreblanca

Jordi Evole: Periodismo de sentimientos

Arnaldo Otegi está tan lejos de entenderse a sí mismo que no hay empatía que pueda traerlo de vuelta

Jordi Evole: Periodismo de sentimientos
José Ignacio Torreblanca. PD

Algo que sobrevoló toda la entrevista sin que Évole se percatara: la existencia de una ideología que celebra la identidad

Escribe José Ignacio Torreblanca en ‘El País’ una columna imprescindible, en la que reflexiona sobre periodismo, a la luz de la reciente y polémica entrevista que Jordí Evole hizo hace unos días al terrorista etarra Arnaldo Otegi:

  • Es difícil no sentirse atraído por el mal. La violencia desafía nuestro entendimiento de nosotros mismos como sujetos morales y plantea cuestiones de enorme relevancia sobre nuestra especie. Intentar entender el mal es obligatorio.
  • Pero como demostró la entrevista de Jordi Évole a Arnaldo Otegi del pasado domingo, la necesidad de intentarlo dista de garantizar por sí el éxito de la empresa.
  • Frente a la tentación de entender el mal como extrínseco a la naturaleza humana, Hannah Arendt nos advirtió de que detrás de la maldad había seres humanos normales y corrientes.
  • Su constatación sobre la banalidad del mal ha convertido su Eichmann en Jerusalén en un manual de campo imprescindible para todo el que quiera acercarse al problema.
  • Que los perpetradores de las más crueles atrocidades son al mismo tiempo capaces de albergar y conmoverse con sentimientos parecidos a los que albergan sus víctimas es algo ya sabido.
  • Descubrir esa contradicción entre la frialdad con la que el perpetrador justifica sus crímenes y su aparente humanidad, y hacerlo al lado del fuego de la chimenea, mirándose a los ojos y en un día lluvioso no es ningún hallazgo periodístico.
  • Se critica a Évole porque inquieta que su cercanía física y la indagación en los sentimientos de Otegi pudiera abrir la vía a la comprensión de la persona y su causa. Pero es una crítica injusta.
  • Como todos los que precedieron a Évole en empeños similares, la impresión que domina en él es la perplejidad ante el océano de inconsciencia moral que separa al perpetrador de sus víctimas.
  • Otegi está tan lejos de entenderse a sí mismo que no hay empatía que pueda traerlo de vuelta.
  • Porque la raíz del problema no está en Otegi, sino en algo que sobrevoló toda la entrevista sin que Évole se percatara: la existencia de una ideología que celebra la identidad hasta el punto de lograr que, en una democracia, personas normales se consideraran legitimados para matar en su nombre a otras personas normales. Ese océano que separa a un Évole tan cercano de un Otegi tan lejano es en el que naufraga el periodismo de sentimientos.

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