Santiago López Castillo

El Papa de Podemos

El Papa de Podemos
Santiago López Castillo. PD

No he cambiado de opinión. Este Papa, que puede ser Paco que mi Paco, el de Encarna Polo, microsurco rayado, apesta a populismo y tanguista a lo Valdano. Lo dogmático, la fe y el ecumenismo se diluyen por el fantasmal protagonismo de este pontífice. Cierto que la Iglesia tiene un papel en la Tierra pero otro muy gordo está en los cielos, en los afligidos y especialmente en los perseguidos; o sea, esa guerra con que los fanáticos yihadistas decapitan sin el más mínimo recato a los infieles del Islam.

Francisco mete a una docena de ex patriados musulmanes en el Vaticano y no tiene el valor de acoger a una docena de cristianos que están destinados a morir. Esto de los refugiados -lo he venido diciendo en estas páginas- tiene mucho de dolor y no poco de hipocresía. Gran parte de África, regida por gobiernos dictatoriales, que roban sin escrúpulos a sus pueblos, se está echando en brazos de Europa y la progresía populista azuza a los gobiernos del continente para que acojan a estos refugiados movidos en su mayor parte por las mafias que hacen negocio con sus pateras, destino, el paraíso. Resulta chocante que entre estos desamparados figuren no pocos mocetones que ya tienen suficiente edad como para luchar por su país pero prefieren el amparo de las naciones ricas. ¿Un millón de refugiados o casi puede admitir la vieja Europa? ¿Y por qué los que pontifican con lo de la generosa acogida no se los llevan por decenas a sus propias sus casas? ¿Y qué hace las Naciones Unidas? El Don Tancredo.

Este problema, de órdago a la grande, da mucho para la demagogia, de una parte y de otra; los que proclaman la acogida de los refugiados con todos los honores y los que piden coto a «la invasión extranjera». Me consta que Acnour, organismo dependiente de la ONU, está volcado en estos parias de la Tierra por culpa de la bélica Siria como en otros países donde se denigra al ser humano. Y la Cruz Roja se vuelca, justo es reconocerlo (algo menos o nada la Media Luna) al igual que no pocas oengés, más voluntarios abnegados con la fuerza de la legión valiente. Claro que hablamos de seres vivos, con ojos y estómagos vacíos. La Iglesia, en ningún caso, puede ser insensible. Tanto en el orden económico como en el social. Pero de eso al papel del actual pontífice, sobreactuando los hechos, viajecitos a troche y moche, es como para que deje de cosechar aplausos en su política viajera. Juan Pablo II, sin apenas moverse, oiga, hizo mucho más desde el silencio y consiguió derribar el muro de Berlín.
Lo malo de Bergoglio es que le va la verborrea platense, como a Valdano, qué cruz.

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