Santiago López Castillo

Elecciones, el mal menor

Elecciones, el mal menor
Santiago López Castillo. PD

Tres días después del 20-D, nuestro colaborador publicó este artículo que por lo premonitorio y su indudable interés periodístico reproducimos a continuación:

«Usted, o sea yo, el abajo firmante, es como aquel entrenador de fútbol que pronosticaba con agudeza: se puede ganar, se puede perder y se puede empatar. En la política actual, lo mismo. Quienes hayan tenido la paciencia de seguir mis comentarios, a resultas del 20-D, convendrán conmigo en que Sánchez gobernaría el país, a tenor de su egocentrismo y soberbia, apuesta basada, además de los guarismos, en el obsesivo odio contra el Partido Popular. Pleno al quince.

Se ha repetido el cordón sanitario. Aquí, salvo la izquierda, que tiene patente de corso para lo que le venga en gana, ser de derechas o tener una postura conservadora es sinónimo de fachas. De qué le vale a Rajoy hacer una política centrada, reformista, poniendo especial énfasis en la situación económica tras una quiebra de órdago en que nos dejó el indocumentado Zapatero. De ello no se percató su discípulo cum laude Sánchez que no cesa de blandir a la cara de Rajoy lo de los recortes por su voz de ganso. Es más, bien analizada, la acción de este Gobierno ha tenido un punto más de socialdemócrata y ha evitado polémicas como la ley del aborto, que iba en su programa, mientras mora y muere su recurso en el Tribunal Constitucional, institución, por otro lado, que debería ser remozada habida cuenta de su excesiva politización.
Pero no. El constitucionalismo no se lleva. Se lleva la algarada y la chusma que es lo que ha prendido en un gentío zafio e irreflexivo azuzado por la demagogia y el populismo. Que están locos por el poder, porque de una dictadura de derechas se sale pero no de una de izquierdas, que eso sí es cadena perpetua. Estos mal llamados emergentes, más bien trepas sin escrúpulos, casta cutre y maloliente, se dan la mano con los independentistas y el bobalicón Sánchez, tan contento. Cuán frágil tiene la memoria este indigente cultural al hacer caso omiso el gesto que tuvo el PP -a cambio de nada-para que el desagradecido Patxi López, también conocido por Pachi Nada, gobernara en el País Vasco.

Poco cambiará el panorama en primavera en pos de un gobierno estable. Si un día no es suficiente para la reflexión, 90 días para decidir puede conducir al hastío o aburrimiento. Se comprende ahora, y mucho antes, que el Guapo de Luxe se opusiera a la norma para que el partido ganador en las urnas gobernara en las diversas instituciones del Estado. Rajoy se metió el rabo entre las piernas y no tuvo arrestos para recordar que el Partido Popular, salvo excepciones que están en la memoria de todos, hubo de cosechar la mayoría absoluta para gobernar, que es un triunfo y un desgaste.

El hombre de bien -permítaseme la licencia literaria- no aspira a nadar y a guardar la ropa; tampoco ser profeta en su tierra. El hombre de bien se conforma con bastante poco. Al hombre de bien, se lo dijo un cabrero, le sobra todo lo que no sea vivir en paz».

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