Rosa Villacastin

La hora de la verdad para Rajoy, Sánchez, Iglesias y Rivera

Harían mal, muy mal, los líderes de los cuatro grandes partidos si empezaran la campaña electoral echándose la culpa de por qué no llegaron a un acuerdo después de cuatro meses de larga espera. Una actitud que el electorado castigaría teniendo en cuenta los graves problemas socioeconómicos que tienen que resolver, y que siguen ahí empantanados sin que parezca que preocupen a ninguno de ellos, enrocados como andan en defender sus programas, o sus propios intereses.

Creo que fue Celia Villalobos quien con la sinceridad que le caracteriza calificó los pactos y anti pactos de «postureo». Sin llegar a tanto lo cierto es que lo único que han demostrado todos ellos, tanto Rajoy como Sánchez, Iglesias y Rivera, es que les falta cintura política, y que no han entendido el mensaje salido de las urnas, que se puede resumir en muy pocas palabras: Entiéndanse ustedes porque nosotros estamos hartos de mayorías absolutas.

No soy Rappel para adivinar lo que pueda ocurrir el próximo 26 de junio, pero me temo que escaño arriba, escaño abajo, el resultado será igual de endemoniado que lo fue el 20 D, salvo sorpresas. Y lo creo porque independientemente de lo que digan las encuestas o los grandes titulares de prensa, con la gente que yo hablo son muy pocos los que reconocen que vayan a cambiar su voto. ¿Por qué? Porque en nuestro país más que votar con la cabeza votamos con las tripas, con el hígado, algunos incluso tapándose la nariz.

Si en vez de tanto paseo, tanto plasma, tanto hablar para sus fieles se preocuparan por saber lo que opina la gente de la calle, estoy segura que nos habrían ahorrado el espectáculo de tantas idas y venidas. Dónde se ha visto que antes de sentarse a una mesa de negociación Rajoy le diga al Rey que no cuente con él, que pasa palabra a Sánchez, o que Sánchez se niegue a hablar con Rajoy, siendo como es el presidente del partido que más votos ha obtenido, después de perder eso sí más de tres millones y medio, y protagonizar tantos escándalos de corrupción sin que por ello ningún responsable tengan la valentía de dimitir, para dejar paso a quienes no estén contaminados, que los hay.

Confieso que más que desencantada estoy irritada por los meses perdidos, y sin embargo tengo que reconocer que si de algo me ha servido este tiempo es para conocer un poco mejor en manos de quien estamos dispuestos a dejar nuestro destino. Gente que antes de tantear el terreno marca las líneas rojas que les impide no digamos ya pactar ni siquiera dialogar, que ya es grave. Tal y como lo han puesto de manifiesto Rajoy con Sánchez y Rivera con Podemos, o viceversa.

A los políticos no les pedimos que se enamoren unos de otros, ni que pasen las jornadas laborales como si estuvieran en una continua luna de miel, no, no, a los políticos les pedimos respeto, seriedad, y que firmen un contrato de conveniencia por X años, con el fin de que se deroguen algunas leyes que nunca debieron aprobarse y se aprueben otras más justas, en las que se tenga en cuenta a la gente que más lo necesitan, y a los que religiosamente pagan sus impuestos, que son la mayoría.

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