Rafael Reina

¿Y sus manos Sr Iglesias?

¿Y sus manos Sr Iglesias?
Rafael Reina. PD

El Sr. Iglesias parece que quiere regresarnos a los tiempos de las Juventudes Socialista, a los tiempos del más depurado estilo Leninistas, como fue en la Alemania de Hitler, que los hijos denunciaban a sus padres, quiere que desconfiemos del amigo o compañero de trabajo, de tu propio esposo o esposa.

Algunos de los ciudadanos que los apoya, pensaran que no les importa, que no tienen nada que esconder, pero no saben o no recuerdan o nunca se lo dijeron sus padres o abuelos, los cientos y cientos de personas que durante la república y durante el franquismos fueron asesinadas por acusaciones falsas, para conseguir su trabajo, su casa o simplemente por odio o envidia, miles fueron fusilados o despeñados por barrancos, todo por causa de ese sistema tan «original» del Sr. Iglesia, ¿acaso su abuelo se manchó de cal sus manos Sr. Iglesia, fue ese el legado que le dejo es ese el testigo que usted recoge?

Es difícil pensar que la historia se puede repetir, pero si prestamos atención, podemos verla muy cerca, cuando faltan los principios éticos y morales, cuando la ambición autoriza que el fin justifique los medios.

No Sr. Iglesias, mucho más importante que su odio por nosotros, están los principios recogidos en esa constitución que usted tanto odia y que hombres y mujeres de mucha más talla que usted, forjaron a base del verdadero trabajo político.

No soy político y en mucho me desagrada la política, por gente como usted, gentes que no ven en la política el trabajo de solucionar sin imponer, hablar sin ofender; la política no es los que usted está enseñando a los jóvenes, la política es pactar cediendo unas veces y ganando otras, abandonar una ilusión para obtener una realidad, sacrificar un sueño en pos de un acuerdo.

Su política justifica el terrorismo, defiende la opresión, alienta la sedición, aconseja las más refinadas e históricas formas que ha recogido de los libros que la sociedad democráticamente le ha proporcionado para con ello destruirla.

La política que usted tiene en sus entrañas es dañina, peligrosa, traidora, obscena, no es sana ni democrática, es oportunista, ingrata y sediciosa. Es un peligro para este país, para la juventud cercana a usted, para las libertades y nuestros derechos.

¿De qué se están manchando sus manos Sr. Iglesias?

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