Jesús Millán Muñoz

La ley del embudo

La ley del embudo
Cobardía, esperpento, apaño, pacto y política. Maximino Soriano.

¿En la sociedad sociopolítica de Iberia hay dos tablas de medir lo mismo…? ¿De ahí surgen muchos problemas…?

1. Diríamos que hay dos tablas de medir, para la misma causa o el mismo o similar motivo o razón se tiene dos medidas o dos respuestas diferentes.

Según quién lo diga o haga una cosa, según el que lo diga pertenezca o se diga es de una formación ideológica o política o de una minoría o de otra, o de una cultura o de otra, o de un territorio o de otro, según quién lo diga, y no lo que diga, según quién lo haga y no lo que se haga, así se interpreta, así se valora, así se critica, así se minusvalora o se hipervalora…

Por lo cual, nos encontramos en una situación de permanente enfrentamiento, aunque sea dialéctico o sea lingüístico…

En vez, si tal acto o palabra «equis», es o tiene una valoración negativa, lo haga o expresa quién sea de la ideología zeta o eme o ese o uve doble… No, ese acto o esas palabras o esos gestos tienen una consonancia y una respuesta, no en sí, y aplicable de forma similar a todas las personas y a todas las personas de todas las ideologías sociopolíticas, sino que depende de la persona y de la ideología que haya detrás de esa persona, no del acto en sí.

Y así, así de ese modo, no hay un clima de entendimiento, de diálogo, de aceptación de los propios errores y de los ajenos. Todo se utiliza como diana y como arma arrojadiza…

Esto se podría cuantificar, cuánto tiempo se dedica a favor o en contra, a una formación política, desde un medio o desde otro… lo que se puede cuantificar y medir se podría medir, a través de agencias o empresas privadas… Así de sencillo…

2. Por otro lado, a la otra persona, de la misma ideología o de la otra. Hay que darle el beneficio de la buena voluntad.

Por lo cual, a la otra persona habría que hablarle con respeto. Si es además un cargo político, elegido por las urnas, a todos se les deben respeto. Incluso se ha generalizado no indicar ya jamás el don, menos aún el usted… sino que se ha llegado a la costumbre rutinaria, que a esos grandes personajes, incluidos presidentes de gobierno, se les llame por el apellido, como si estuviésemos en una escuela o en un grupo de camaradas haciendo una buena comida… Aznar, González, Zapatero, Rajoy… ni si quiera se les dice, incluidos los medios de expresión, señor Aznar, señor González, señor Zapatero, señor Rajoy. No digo que se le tenga que llamar excelencia como yo lo he oído, visto, leído en mis años de casi niñez.

Pero creo que en esto se ha pasado de un extremo a otro. Yo sugeriría y aconsejaría, a los medios de comunicación, a sus organizaciones profesionales, que entre su ética deontológica, volviese o añadiesen un artículo, que dijesen, que si es posible en los medios de información no se le denomine Rajoy, Mas, Sánchez, Iglesias, Garzón sino al menos se le antepusiese el señor y se les tratase de usted.

Creo que esta medida que es simple y fácil y llana sería muy buena y muy beneficiosa para el orden y el sentido común y la racionalidad y la mesura y la moralidad en la vida sociopolítica. Porque sucede después, como consecuencia, que millones de ciudadanos perciben como se tratan, y ellos creen que pueden hacer lo mismo con el vecino, el médico, la profesora, el asistente social, etc.

3. Ya lo indiqué en un artículo en este medio antes que sucediese, las Cámaras Parlamentarias regionales, nacionales o Estatales o incluso los ayuntamientos son las «cámaras máximas, en su orden, de la voluntad popular». Valdría la pena volver a leer a Rousseau, Montesquieu, Voltaire y la ilustración francesa.

Dichas Cámaras, cada una en su orden, son el reflejo máximo de la voluntad popular, sea a nivel local o ayuntamiento, sea a nivel regional o Parlamento Regional, sea en la voluntad máxima o Cortes Generales… por tanto, dichas cámaras son un terreno, si no sagrado en sentido estricto, cuasi sagrado en sentido laical y seglar. Por tanto, son lugares que «las personas que han recibido la voluntad del pueblo deben comportarse con respeto con el resto de personas que también están en su misma situación». Dichas Cámaras deben ser el lugar del hablar, de dialogar, de dilucidar, de gobernar, de gestionar los respectivos territorios en sus responsabilidades propias.

Por lo cual, los parlamentarios son los que tienen el poder recibido por el pueblo, deben comportarse con la máxima dignidad, tanto en sus gestos, en sus formas, en su forma de vestir. Porque son el escaparate de la sociedad, de la voluntad del pueblo, del pueblo, del Estado. Y ese reflejo y espejo se ve y se ve con claridad dentro del país, de la misma sociedad, pero se ve fuera del mismo país, se percibe en el mundo…

Debemos admitir e indicar que no ir vestido de forma correcta en el Parlamento Nacional, en el Parlamento Regional, en los Consistorios Municipales es un mal, a la corta y a medio plazo y a largo plazo…

Por tanto, creo que podemos y debemos exigir a los Parlamentarios, mesura y corrección en sus palabras y gestos y maneras, y pueden demostrar lo que quieran con datos y papeles, y segundo ir vestidos con la dignidad que el protocolo occidental exige… Creo, nadie se rasgue las vestiduras que en los Parlamentos se exige el traje y la corbata. Y lo digo yo que jamás me pongo corbata…

¿Si yo fuese un inversor extranjero, sea de Asia o sea de América o del Pacífico y viese en el Parlamento máximo de un país, un espectáculo poco mesurado, en las formas y gestos y palabras y en la forma de vestir de los parlamentarios o parte del parlamentario… Repito, me pregunto y me digo, si yo fuese un inversor de Asia y estuviese pensando invertir un millón o diez o cien o mil millones de dólares, y viese un espectáculo no correcto, posiblemente solo por eso no lo invertiría…? ¿Porque diría entre mí, si así se comportan en el Órgano Máximo de Representación Popular y de la Voluntad Popular, que diseñarán en los despachos, en los órganos de diseño de las respectivas fuerzas sociopolíticas…?

4. Creo que es un mal endémico, lamento decirlo, ojala esté en el error, yo quisiera, que las grandes formaciones o ideologías, las de un color y las del otro, pusiesen solución a este problema y otros similares. Quizás por la historia pasada, pero hay otros países con historia similares o parecidas, que encuentran el punto común y el punto normal de encuentro. Al menos de entendimiento. Y no encontrar el entendimiento, la mesura, la racionalidad, un lenguaje respetuoso es al fin una tragedia. Y se puede convertir en una tragedia no en el teatro, sino en las calles.

Por lo cual, todo, pequeño o grande, todo lo que contribuya al sosiego, al entendimiento, al respeto, a la racionalidad, a la prudencia, todo será bueno para ahora y para mañana…

De ahí que la mesura y el comedimiento, debe empezar en distintos ámbitos:

Primero, en la vida sociopolítica, por lo cual, todos los integrantes de formaciones política, deben respeto a otras personas de otras ideologías.

En segundo lugar, por no decir el primero, en las Cortes Generales, Parlamento y Senado, nacionales y regionales se debe utilizar un uso correcto y moral de las palabras. No hay que insultar jamás, y el parlamentario que insultara debería tener una sanción por parte de la Cámara de Representación concreta. Y se puede insultar de muchas maneras y formas. No hay que perder las formas, ni en el lenguaje, ni en los gestos, ni de otras maneras o formas.

Tercero, se puede decir y analizar lo mismo, es más, se puede expresar más profundamente algo, sin insultar a nadie, solo dar datos y argumentos. Por lo cual, el insulto de cualquier forma, debe ser erradicado de la vida política, a y en todos los niveles… en vez de decir, ladrón, por poner un ejemplo, se puede indicar que las cuentas de gastos no armonizan y mostrar las pruebas.

Este es un defecto grave, que empezó a darse, en la transición. Y según algunos tuvo efectos positivos y electorales para algunos grupos. Y esto ha sido un defecto que se ha ido eternizando… «Tahúr del Missisipi…» o, algo así que no deseo recordar…

Cuarto, en los medios de comunicación social. Jamás utilizar una palabra que sea ofensiva para otra persona, para otra persona de otra formación, otro posible contrincante… Se pueden dar todas las razones y todas las argumentaciones y todos los datos sin tener que insultar a nadie, ni a nada… para eso como he indicado creo que las asociaciones de medios de información podrían o deberían añadir y exigir un artículo en ese sentido en sus éticas deontológicas o en sus artículos de sus organizaciones profesionales. Porque los medios de comunicación tienen mucha importancia para el resto de ciudadanos.

Quinto en la vida normal y rutinaria de los ciudadanos, cada uno puede y debe ser de la ideología que quiera, pero debe mostrar respeto y lealtad a sus gobernantes, sean de su color o no lo sean, deben tener respeto a las leyes, y deben tratar a los demás, con suficiente mesura y amabilidad. Si no están de acuerdo con sus medidas, se pueden y se deben expresar pero con comedimiento, con argumentos, sin insultar, y llamando, si es posible de señor o de usted, a tal parlamentario, a tal alcalde, a tal concejal, a tal ministro, a tal parlamentario, a tal presidente de una región o del Estado.

Creo que son normas de sentido común y de prudencia y de racionalidad. Entendemos que en un momento determinado a alguien la boca se le convierte en un volcán. Pero el problema es que no se puede crispar más a la sociedad, más de lo que ya está. Porque si soltamos los perros asilvestrados en las calles no sabemos lo que sucederá…

5. No podemos entender que el otro, en principio va con mala voluntad, puede que esté equivocado, por lo cual, puedes analizar y dar tus razones. Pero el otro también tiene su cabeza, sus experiencias, sus deseos, sus intereses. Y son lo mismo de justos y equitativos, en principio que los tuyos…

Pero desde luego, no se puede tener dos varas de medir, no puede ser lo ancho para mi y lo estrecho para ti, y desde luego ante una frase o palabra similar o un hecho o acto similar, realizado por dos personas, de distinto grupo ideológico, no puede ser, que para unos se le juzgue de un modo y para el otro se le juzgue de distinto modo o manera…

Pongamos medida y racionalidad y mesura y sentido común, que es lo que crea el clima de diálogo y de entendimiento, y pongámoslo todos, los ciudadanos y el pueblo normal, las personas de todos los medios informativos, que diríamos nos interpretan la realidades sociopolíticas, los gestores de la cosa pública, en sus distintos grados y niveles de responsabilidad, y desde luego los altos cargos políticos de representación nacional o regional…

(Este artículo en lo esencial se escribió hace nueve meses…).

¡¿Es mucho pedir…?!

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