Manuel del Rosal García

Periodista Cibernético

Periodista Cibernético
Manuel del Rosal García. PD

El señor Juan Luis Cebrián, picatoste de Prisa ha fulminado a Ignacio Escolar, un periodista de la SER. A Cebrián no le ha gustado salir en los papeles de Panamá, y menos le ha gustado que lo diga un periodista de su emporio mediático. Yo siempre he oído al señor Cebrián decir que defiende la libertad de expresión y la verdad en la noticia; parece ser que esa libertad y esa verdad tienen líneas rojas que no pueden traspasar.

Creo que ha sido en China donde han desarrollado un robot con capacidad para desarrollar las funciones de un periodista. El robot es exacto, rápido, veraz, no añade subjetividad a sus informes por lo que la eficacia, la verdad y la exactitud de sus artículos, noticias, opinión etc está garantizada. Al principio le encargaron reportar solo noticias relacionadas con el deporte y la economía y quedaron sorprendidos por la rapidez y la veracidad de todo lo que reportaba. Los informes que enviaba eran un fiel reflejo de la realidad sin aportar nada subjetivo. Viendo como el robot periodista era una garantía en la información, decidieron ampliar sus funciones y le encargaron informar sobre los sucesos cotidianos relacionados con el mundo de la delincuencia.

Aquello fue un éxito total, nadie podía creer que una noticia fuera tan exacta, tan precisa, tan pormenorizada. Ni una coma sobraba ni faltaba, ni un milímetro se apartaba de la verdad de lo sucedido. Los lectores de periódicos y los televidentes ¡por fin! podrían acceder a las noticias de todo tipo sabiendo que estas no estarían adobadas con las mentiras impuestas por las líneas editoriales, por las hipotecas políticas, por los intereses de los patrocinadores ni por la presión de políticos y empresarios.

Tras décadas de manipulación informativa, los ciudadanos podían hacerse una composición exacta de cada situación en cada parcela del transcurrir de la vida cotidiana en su pueblo, en su ciudad, en su región, en su país. Esto era lo que esperaban los ciudadanos tras las primeras actuaciones del periodista cibernético. Sus jefes, entusiasmados, decidieron ponerle al frente de una tertulia como moderador. El éxito fue fulminante. Los telespectadores permanecían hundidos en el sillón frente al televisor sin pestañear.

El robot no permitía la más mínima desviación sobre la verdad del tema que se trataba. Los tertulianos, que nada o casi nada podían colar en sus argumentos si no estaba revestidos de verdad y rigor, se desesperaban mientras los telespectadores se regocijaban. Pero, ¡amigo mío! Aunque aquello era el mayor éxito de «share» que nunca habíase conocido en el país, los capitostes de la cadena de televisión, que además eran los dueños de periódicos y emisoras de radio; no lo podían permitir porque no prestaba el servicio «correcto» a sus intereses, a sus compromisos políticos, a sus apoyos empresariales y de poder. Tras la emisión de 4 tertulias con el robot de moderador, este fue sustituido por un periodista humano al servicio del conglomerado mediático.

El «share» bajó ostensiblemente, pero la «línea editorial» y «el libro de estilo» quedaban a salvo…y los ciudadanos volverían a recibir su ración diaria de manipulación.

El robot fue despedido fácilmente, pues no tuvieron que pagarle ningún finiquito. Hoy descansa plácidamente en los sótanos de la sede del grupo mediático que lo elevó a la fama. Rodeado de pilas de libros antiguos abandonados y disponiendo aún de batería, el robot periodista escarba entre ellos. Ve uno que le llama la atención por su título: «Un enemigo del pueblo» de un tal Henrik Ibsen. Su lectura le hará entender la causa por la que ha sido despedido, la causa por la que la verdad es políticamente incorrecta, la causa por la que la democracia, a veces, está pervertida.

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