Santiago López Castillo

Caca de la vaca

Caca de la vaca
Santiago López Castillo. PD

La ocurrente alcaldesa de Madrid, ¡ay Carmena!, tiene la capital hecho un erial y ahora la emprende con las cacas de la vaca que son los perros, los que cagan. Días atrás la emprendió con que la chiquillería recogiera las colillas de los viandantes y a los campeones del Real Madrid que acudieron a cumplimentarla, joder, qué mal gusto, les obsequió con unos ceniceros de un duro a peseta mientras ella mete amigos y familiares en el ayuntamiento con sueldos astronómicos. Así, podemos…

Tengo la suerte de no vivir en la gran urbe y sí en la sierra madrileña, pero desde la corta distancia observo las barbaridades que vienen cometiendo en mi ciudad de nacimiento estos casposos del 15-M, sucedáneos de Pablo Iglesias. Mire, sí, señora Manuela, no le doy el tratamiento de doña porque usted no se lo da a la ciudadanía capitalina, es decir, el don, quiere el don de tributar; y estoy de acuerdo con que hay que recoger las cacas o excrementos de los canes y los peces. Pero no hay que ponerse histérica, señora jueza, usted que dicen que impartió justicia, depende de qué lado, y que tiene el pufo de presunta irregularidad en su propia familia, el estudio de arquitectos de su marido. Dicho esto, no hay que crear alarmas y limpie la ciudad de toda suciedad que esa sí es caca de la vaca, con perdón de los bóvidos. Porque muchos de los amantes de los perros invitamos a nuestros cánidos a que tiren de la cadena.

Lo que hace la alcaldesa es una ocurrencia tras otra, lo que no suple la supina incapacidad de su gestión. Manuela Carmena y sus cuates -incluidos una concejal ajusticiada y sentenciada, y otro, mochilero con artefactos- vive en la memoria histérica, pero siguen las calles con socio-comunistas implantadas por el anterior régimen o por la centrada UCD en la Transición. La retahíla de sus fechorías se extiende a los okupas que campan por sus respetos, o sea, por las casas que les da la gana creando un evidente malestar a los propietarios de las viviendas y a barrios enteros con continuas extorsiones al vecindario. Qué no decir de la permanente irreverencia para la religión cristiana, con manifestaciones blasfemas o esos titiriteros en fiestas navideñas, (solsticio de invierno) ante la concurrencia infantil, poniendo en práctica el adoctrinamiento de mentes inocentes como mandan los cánones del marxismo-leninismo. Y, para no cansar, esa exaltación permanente del criminal Otegui que encabezó el atentado de mi amigo Gaby Cisneros, que se refugió ante un automóvil ante los disparos de los cobardes etarras recibiendo gravísimas heridas.

Sépalo, señora Carmena: la sangre llama a la sangre, la violencia engendra violencia y la necedad produce necedad.

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