Santiago López Castillo

Priva el odio

Priva el odio
Santiago López Castillo. PD

El panorama que se atisba es, cuando menos, inquietante. Horacio solía dirigirse a toda esa ralea que forma el gran teatro del mundo: mendigos, mimos, baladrones, buhoneros… La atmósfera que se respira en el país, sin eufemismos, mete miedo. El odio está a la que salta. Decía Nietzsche que no se odia mientras se menosprecia. No se odia más -añadía- que al igual o al superior. No he visto a una izquierda tan radical que la que están protagonizando los emergentes asamblearios de universidad, y eso que se llenan la boca de solidaridad, y una leche, y con el diálogo, diálogo, que es pura filfa y vociferación.

La culpa -y no hay que estrujarse las mientes- la tiene Mariano Rajoy, el mal de todos los males, autor, entre otros luctuosos sucesos, de la muerte de Manolete, y eso que no fue a la guerra de Irak. (Aznar sigue siendo coreado con el calificativo de «¡asesino, asesino!»). Estamos viendo una izquierda cerril, calcada de la del 36 con el látigo guerra-civilista. No sé quién decía, todos, que todo pueblo que no corrige sus errores está condenado a repetirlos. Fui testigo principal a través de TVE de la Transición (40 años nos contemplan) y jamás presencié ira igual. Todo ello lo inició el ínclito, irresponsable e indigente cultural Rodríguez Zapatero, nieto del capitán Lozano, un traidor a la Patria.

Con una enseñanza a la carta para «las nacionalidades o regiones», el aldeanismo avanza y va hacia la destrucción de España, mientras el jefe del Estado y el presidente del Gobierno miran al tendido. El día de San José Obrero (para algunos sindicalistas habría que acuñar un santo señoritingo) los agentes sociales bramaron contra la nación más antigua de Europa. Guerra al enemigo:

– ¡Fuera la derecha!

La guerra civil fue una triste historia pero que historiadores imparciales consideraron necesaria. Hoy, los que claman por la destrucción de España son marxistas-leninistas sin sentido. Se es demócrata -lo implanta el ideario comunista- siempre y cuando se combatan las demás opciones políticas. Lo triste de todo esto es que unos mocosos que no han cogido un libro, repiten como posesos las máximas revolucionarias. La vuelta a un frente popular sería la ruina, la desaparición de las libertades, la opresión, el totalitarismo. Se sale de una dictadura de derechas pero difícilmente de una de izquierdas. Y si no que lo pregunten a los venezolanos, cubanos, coreanos del norte e irakíes. Hoy en día mandan los cánones marxistas-leninistas, con dos cojones y un palito.

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