Santiago López Castillo

La mejor defensa es un buen ataque

La mejor defensa es un buen ataque
Santiago López Castillo. PD

Según términos futbolísticos, la mejor defensa es un buen ataque. Esta máxima se aplica, asimismo, y con excesiva virulencia en la política. Más en estos tiempos en que la izquierda cerril y trasnochada tiene tomada la calle y no pocas instituciones. No ha sonado el pito para el partido del 26 de junio y ya están con los vetos, las alianzas, los insultos, los improperios, usted diría que bulle la escalada de la necedad. A ello contribuye una prensa irresponsable, nada objetiva, en la que maridan, como dicen los cursis, el vino tinto con sifón, o lo que es igual, la información con la opinión.

Claro que el PP tuvo cuatro años para cambiar la ley electoral que algún padre de la Patria la tenía en el cacumen, y no ha servido nada más que para beneficiar a determinadas regiones -entre ellas, la vasca y la catalana- y favorecer a los partidos sólidos habida cuenta de la proliferación de grupúsculos en los años de la Transición. No, miren, cada persona tiene que ser un voto. Debe ser así, como sucede en el vasto mundo. Tímidamente, Rajoy, a mitad de legislatura, la undécima u onceava según Javier Solana, esbozó lo de la candidatura más votada. A su cuello se tiraron el iluminado Sánchez, zapaterista cum laude, y todas las fieras que conforman el cordón sanitario contra el centro-derecha, incluido el Niño de la Bola, no el de Pedro Antonio de Alarcón sino el de la Trola; es decir, el de Ciudadanos.

Aparte de ello, los contendientes en los próximos comicios no dan tregua a Rajoy y a sus cuates. Están a verlas venir, los populares. A aguantar. La paciencia, que, dicen, es la madre de la ciencia, se apostilla con aguantar es resistir -según Cela- y una mierda. La reacción nunca ha sido bien vista, envuelta a la pataleta, y además callar ante la más ínfima acusación es otorgar.
A la falta de comunicación de los populares, se une el permanente complejo de la derecha o del centro derecha o como quieran llamarse. Génova fichó a dos periodistas de los medios y, por sus resultados, se convirtieron en medios estorbo. Cuán diferentes de la prensa y propaganda de la izquierda que sabe manejarla a su conveniencia dejando a Goebbels como un pardillo. A esa inercia se suman unos opinantes al servicio del sectarismo habida cuenta de que todo lo que sea degradar al Partido Popular no sólo tiene bula sino que enaltece. Es -si se me permite la comparación (se lleva mucho lo de la comparanza)-, es, decía, como meterse por sistema contra el Real Madrid, da mucho pisto y juego, más que reconocer las carencias del Leganés, hoy, por el sincopado, el Lega.

Entre estas hordas periodísticas, domesticadas o resentidas, existe una emisora autodenominada de derechas, más bien del FET y de las JONS, que brea permanente a Rajoy por no haberle concedido señales radioeléctricas a su empresa en una rabieta propia de parvulario. Llegando a recriminar al todavía presidente en funciones por su barba blanca y algunas caspas que le caen sobre la solapa de su traje.

Hombre/mujer/niños (¡loa al lenguaje sexista del analfabetismo!), vistámonos en la planta de caballeros de El Corte Inglés. Recibe Pedro Sánchez.

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