Santiago López Castillo

Maltrato animal, suma y sigue

Maltrato animal, suma y sigue
Santiago López Castillo. PD

Me dieron el día. Veintidós caballos y cuatro perros, abandonados en estado famélico en una finca de Vélez-Málaga. Era la triste noticia. La policía detuvo a dos personas de 44 y 75 años pero no daban su identidad. Son asesinos. Sin más circunloquios o rodeos. A veces, los animalistas nos ponemos pesados como las instituciones civiles se ponen con el mal trato a las mujeres y también a los hombres, no se olvide. Son seres vivos, racionales e irracionales, hijos de Dios. De modo que los miserables, canallas, de este vandálico suceso tienen nombre y apellidos y la sociedad toda ha de saber quiénes son estos hijos de puta. Exponerlos al escarnio, el escupitinajo y los barrotes de la cárcel.

Decía la protagonista de mi novela «La Cruz de la Santera» -una vieja pueblerina de Guadalajara- que «el que no ama a un animal, no está en su ser natural». El hecho al que me traslado y hago referencia, porque tengo sentimientos, se entiende, me ha producido una honda herida en el corazón, y encima «Niebla», mi golden divino, está enfermito, jadeante y sin poder pasear el campo. Esto nos lleva a que es necesaria, de forma urgente, una ley estatal y expeditiva sobre el maltrato animal. Algo se consiguió, o conseguimos, perdón por la vanidad, cuando -a través de mi programa «Parlamento», de TVE- se introdujo esta barbarie en el Código Penal, gracias, justo es decirlo, al diputado canario y doctor en Veterinaria Luís Mardones. Asimismo, y perdón por la autocita , seguí escribiendo y clamando por estos seres tan nobles que lo dan todo a cambio de nada con mi libro «Cornudos y apaleados», un aldabonazo a las conciencias humanas tras la barbarie de unos desalmados que seccionaron las patas de once perros con una motosierra en Tarragona.

Desde entonces, no he cesado en esta noble lucha. Tan es así que mi último programa en TVE fue «En Verde», en defensa de los animales y el medio ambiente.
Un programa que, pese a su carácter pedagógico y su gran audiencia en la 2, el sectarismo socialista, en la persona de la no menos sectaria Carmen Cafarell, sacó de la programación. Un espacio limpio, impoluto, educativo, que desgraciadamente, no tuvo sustitución eficaz en la parrilla del ente. Y, mientras tanto, los actos vandálicos, como el que es objeto de este comentario, se suceden y es de agradecer, por otro lado, el celo y profesionalidad de la Policía y del Seprona (Guardia Civil) para atajar tanta barbarie, así como la innegable labor denunciadora de las asociaciones animalistas.

La noticia de estos crueles hechos en Vélez-Málaga me ha producido, concluyo, un profundo arañazo en mi estado de ánimo. Con Dios.

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