Victoria Lafora

La «marca España» y los neumáticos de la desidia

La "marca España" y los neumáticos de la desidia
Incendio en el cementerio de neumáticos de Seseña. EP

Miles de ciudadanos desalojados de sus viviendas construidas junto al mayor vertedero ilegal de neumáticos de Europa. ¿Dónde estaban ayer José Bono y Esperanza Aguirre? Tantos años mirando para otro lado mientras las montañas de goma negra seguían creciendo al borde de la R-4.

Porque el vertido comenzó a principios de los noventa y fue creciendo ante la desidia de las administraciones hasta acumular cinco millones de ruedas y convertirse, no ya en un atentado medioambiental, sino en una verdadera bomba de relojería; un escándalo que fue denunciado por la Unión Europea.

La «marca España», esa que pretende vender el ministro Margallo en las cancillerías de medio mundo, se llenó ayer de tizne y carbonilla tragada por la espesa nube de humo negro que relataron, con escándalo, todos los medios informativos internacionales.

Curiosamente, hacía cuatro días que se había llegado a un acuerdo para destruir los neumáticos a través de la empresa pública EMGRISA, que se comprometía, a cambio de 5.600.000 euros, a dar una salida limpia al vertedero. Eso si se contaba con los fondos FEVER de la UE para pagar el estropicio.

La pregunta clave es: ¿Quién miró para otro lado mientras la mancha negra de goma ganaba terreno en la Comunidad de Madrid y los camiones seguían vertiendo su carga contaminante?

¿Qué se hizo cuando el anterior propietario fue condenado a tres meses de cárcel y acumulaba más de seiscientos mil euros de multas por este vertedero ilegal? Cuentan, las empresas de venta de neumáticos, que resultaba mucho más barato llevar allí sus residuos que pagar el reciclado.

Es la hora de pedir responsabilidades. De exigir que los políticos que dejaron pudrir el problema den la cara y expliquen porque, una vez más, no se pusieron de acuerdo para afrontar juntos el gasto que suponía acabar con esta gravísima infracción medioambiental.

Porque, también, María Dolores de Cospedal, que tanto turismo hizo por la Comunidad de la que era presidenta, no vio nunca la mole de neumáticos al borde de la carretera. Que explique su desistimiento a solucionar un problema que había dicho que arreglaría.

Cabe preguntarse porque el «Pocero», que levantó los bloques de la urbanización desalojada ayer, y que tanto poder tenía ante las administraciones de Castilla La Mancha, no reclamó la desaparición del vertedero y se dedicó a construir en mitad del paramo un lago artificial del que ayer recogían agua los helicópteros, tratando en vano de apagar el incendio.

Los políticos que se acercaron ayer a Seseña solo trataban de que no cundiera la alarma y minimizaban la toxicidad del humo negro de la combustión. Confiaban en que las bajas temperaturas y la orientación del viento diluyeran el humo con componentes cancerígenos según los expertos.

El incendio tardará días en apagarse, pero las responsabilidades de unos y otros no se las llevara el viento, como pretenden, ni la lluvia las sumergirá en el subsuelo. Por una vez alguien debería dar la cara.

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