Rafael Reina

Israel y las ironías del Destino

Israel y las ironías del Destino
Rafael Reina. PD

Israel ha encontrado gas y petróleo cerca de sus costa en cantidad suficiente para sus necesidades y también ha encontrado un inesperado tesoro de más de 1500 años de antigüedad bajo ese mar cuna de la civilización y dentro de los muros de Jerusalén, casi cada día encuentra alguna antigüedad que confirma otra vez más a esas tierras de las riveras del Jordán, como su morada permanente a pesar de una tras otra invasión y usurpación de sus tierras.

Lo maravilloso de ello es que lo ha conseguido durante más de tres mil años, agachando la cabeza y continuado su existencia, humillado y sin resistencia, pacíficamente hasta hace 68 años cuando por alguna razón desconocida, decidió que era hora de reconquistar su tierra, reedificar su nación de recobrar su identidad y abrir las puesta al retorno de todos sus hijos.

Desenterraron un oculto vergel, desempolvaron el amor por su patria, recobraron su historia y devolvieron el esplendor al primer pueblo monoteísta de la historia de la humanidad.

Pero todo un mundo de más de 5000 millones, mira con enojo a menos de 14 millones por haber resurgido, por su semilla haber germinado a pesar de estar entre piedras, sin agua y bajo la cruel suela de una sociedad que ora le abraza ora lo desprecia, por ser la única muestra de libertad, la única mota de democracia, la única gota de tolerancia en un desierto de odio, fanatismo, tiranía.

 

Sera por ser el pueblo que más Premios Nobel ha merecido a pesar de su minoría, será por ser el pueblo que trajo los fundamentos de los derechos humanos, las bases para las leyes sociales, el principio de igualdad para los que aceptan estos principios; bases, fundamentos y principios que son obstáculos para los que desearían que no existieran, como es el comunismo, el fascismo, el populismo, el anarquismo y unas corrientes izquierdistas que les faltan el conocimiento necesario para poder ver el horizonte que hay después de doblar esa esquina de la que no es fácil regresar y de la que el mundo ha sido testigo en más de una ocasión no tan lejana y muy presente en la actualidad.

La inmoralidad, la distorsión de la verdad es tan fácil hoy como lo fue cuando la ignorancia, la incultura, el fanatismo y obscurantismo de los pueblos los sumió en una de las más profundas degradaciones de la humanidad, hoy a pesar de las universidades, los medios de comunicación, la facilidad para estudiar, viajar, conocer y buscar la verdad, es más fácil desviar y engañar a las masas, por una desidia general por un introventismo que los aísla de la realidad y que cuando salen de él, están a merced del primero o el más avezado que se les presenta delante.

Las redes sociales están llenas de necedades inútiles, de esos «selfishismos» que pocos saben que la raíz de la palabra es egoísmo, narcisismo y egocentrismo.

Esta juventud que busca desesperadamente salir de la soledad por el extremo de un palo telescópico, para compartir su inexistencia con una compañía virtual que la mayoría de los caso la ignora y en el mejor de los casos, la usa para justificar su propia soledad; esta juventud para la que cuando llega la hora de liberar esa frustración de escapar de la soledad de emerger de la pantalla al mundo tridimensional, cualquier razón es buena aunque no lo sea o incluso ni exista. Estos revenos ansiosos de protagonismos, de enraizar donde sea, son perfectos para las impúdicas mentes manipuladoras que buscan repoblar el bosque de indecencia de que hablan los sabios, para intentar asfixiar una vez más el mismo chivo expiatorio de siempre.

Lo sarcástico es que es la avanzada tecnología de Israel, lo que lo hace posible. Las ironías del destino.

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