Víctor Entrialgo de Castro

Separatismo: un cansino afñan de notoriedad

Separatismo: un cansino afñan de notoriedad
Víctor Entrialgo de Castro, abogado y escritor. PD

En América reclaman la atención con asesinatos, en España con separatismos, que, en ocasiones, no han reparado tampoco en recurrir a la barbarie. La necesidad de llamar la atención puede tener muchas y variadas causas. Como la de dar el coñazo.

Los separatistas de pelucón o flequillo mordido por un burro se alian en su afán de deshacer España, mientras algunos líderes irresponsables, restan importancia a estos intermitentes golpes de estado, cuando no los apoyan públicamente, en su afán por conseguir el poder.

Otegui, de excursión en Cataluña como Carod en su dia en el sur de Francia, no sólo buscaba salir de la cárcel adonde ha estado condenado por «terrorismo» sino refugiarse en la política para no volver a la primera. Y el mejor refugio es presentarse a las elecciones o quedarse a vivir, en una delegación de gobierno o en un cuartel de la guardia civil.

El separatismo, -hoy-, surge generalmente de un malestar de si. De una carencia. Del sí mismo que no se basta o que no se aguanta o soporta y que arma un escándalo para atraer la atención general. Es el fundamento infantil de los nacionalismos y de la televisión. Para los primeros se necesita un enemigo, sin el cual alcanzaremos inmediatamente el paraiso; para lo segundo basta el ansia de notoriedad y la excentricidad.

Estamos viviendo un tiempo en el que se mezclan. Los independentistas metidos en los telediarios, quieren violentar la Constitución española que firmaron y obliga a todos y hurtar así la soberanía al pueblo español, arrebatándole algo que es parte consustancial desde hace siglos.

Y lo que es aún más extraño, si cabe. Pretenden que el nacionalismo español, con más de cuatro siglos de historia, ahora provocado y afrentado diga amén jesús, como si tratasen de amputarte a ti lector un brazo que es tuyo, -o incluso suponiendo que fuese implantado,- pero llevase contigo desde hace siglos. Ni es legal, ni legítimo, ni siquiera lógico.

Cataluña, patria querida, a la muerte de Franco era la primera región de España. El pais vasco otro tanto y no creo que haya ayudado mucho el terrorismo en ello. Después de casi 40 años de gobiernos pujolista, independentistas o tripartitos, Cataluña está quebrada y toda su familia escondida bajo la alfombra separatista, imputada. Algo tendrá que ver el nacionalismo en ello.

Cierto que Cataluña merece una consideración, como la de Julián Marías, y el Pais vasco otro tanto, pero cuando una reivindicación es cansina acaba provocando en el conjunto del pueblo español una antipatía hacia la clase política que pastorea como ahora pretende Otegui tambien en el Pais vasco hacia la tierra prometida, que los ciudadanos y grandes amigos catalanes y vascos en general, con las innumerables virtudes que les adornan, y de las que puedo dar fe, no se merecen.

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