Esther Esteban

El cementerio de neumáyicos de Seseña, el incendio, el humo y las culpas

El cementerio de neumáyicos de Seseña, el incendio, el humo y las culpas
Incendio en el cementerio de neumáticos de Seseña. EP

Lo sabía. Sabía desde el minuto uno que el incendio del vertedero de neumáticos de Seseña al final se iba a convertir en una suerte de reproches entre administraciones de distinto signo político, un punto negro más en el «y tú más» al que nos tienen acostumbrados.

Afortunadamente no ha habido que lamentar daños personales, aunque yo no termino de creerme del todo que la contaminación medioambiental no vaya a causar, finalmente, efectos en la salud de los vecinos de la zona.

Las imágenes de esas 100.000 toneladas de neumáticos ardiendo y desprendiendo humo tóxico a unos centenares de metros de un núcleo urbano son un desastre, un despropósito ocasionado por la irresponsabilidad de la Administración que es como un lento paquidermo, máxime cuando les pueden complicar la vida políticamente. Aquí todos son culpables, en una u otra medida, tanto el Ayuntamiento de Seseña como los gobiernos autonómicos de Castilla-La Mancha y Madrid.

Todos, con su desidia, han permitido que un paisaje oscuro y gris de neumáticos creciera sin control y ¡claro! ahora todos quieren quitarse el muerto de encima, con una campaña electoral a tiro de piedra. Estos días hemos leído que la Junta de Castilla-La Mancha estaba advertida por el Servicio de Protección de la Naturaleza de la Guardia Civil (Seprona) de que la empresa a la que el Ayuntamiento de Seseña había adjudicado la gestión del vertedero vulneraba hasta siete leyes y reglamentos sobre seguridad personal, laboral y protección del medio ambiente. Estaban más que avisados pero miraron hacia otro lado.

El informe del alertó del «riesgo para la salud de las personas y el medio ambiente, especialmente por la emisión de partículas contaminantes y cortina de humo» que conllevaría un «eventual incendio» en el vertedero de neumáticos y lo describía como un lugar de «abandono incontrolado de residuos» y un «vertedero ilegal».

La realidad es que el cementerio de neumáticos es de 2001 y desde entonces la cosa ha ido en aumento de manera incontrolada y se ha vulnerado todo lo vulnerable, empezando por darle la gestión del asunto a una empresa que no cumplía los requisitos mínimos para funcionar y a la que se le concedió el contrato sin un concurso público. De esos polvos vienen ahora estos lodos pero como están todos en el ajo me temo que ¡al final! las responsabilidades se diluyan.

Desde 2006, la legislación española regula el tratamiento de los neumáticos usados. Existe el Sistema Integrado de Gestión de Neumáticos Usados, que se encarga de recogerlos para destinarlos a nuevos fines, como combustible en plantas de fabricación de cemento o para incorporarlos al proceso de elaboración de asfaltos o de materiales para parques infantiles.

Pero hecha la ley, hecha la trampa y el problema es que la legislación no dice nada sobre los residuos que ya existían con anterioridad a 2006 y ese vacío legal es el clavo al que se agarran todos para el mantenimiento de esos vertederos que están diseminados por todo el país.

El caso de Seseña -cuyo incendio ha sido intencionado y habrá que saber por qué- ha puesto encima de la mesa un asunto esencial desde el punto de la contaminación medioambiental, pero como suele ocurrir las cosas no se arreglan hasta que terminan estallando.

Si las leyes y las multas, que luego no se pagan como es el caso, no son suficientes alguien debe hacerse responsable de este descontrol pero la verdad es que albergo pocas esperanzas.

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