Santiago López Castillo

Cervantes hasta en la sopa (que aproveche)

Cervantes hasta en la sopa (que aproveche)
Santiago López Castillo. PD

Ya estamos con las quejas, con el perdón y la exculpación por haber tenido al fénix de los ingenios o por haber conquistado América, que es, desde la perspectiva del tiempo, un millón de veces superior a haber llegado a la Luna. Hasta mi admirado Arturo Pérez Reverte casi la pifia el otro día con motivo del 2 de mayo sacando a colación que por lo menos en esta fecha no nos debíamos de avergonzar. Ni en esta ni en ninguna otra que jalonan la grandiosa historia de España.

Y es que los cuatro progres iletrados, esos que se autodenominan «intelectuales», mismamente un burriciego llamado Willy Toledo, o sea, toda es caterva de la «ceja», andan repartiendo perdones por el universo en nombre de unos hombres que llevaron adherida a sus cuerpos la palabra «héroe». Ya quisiera Estados Unidos tener tantos acontecimientos heroicos como los protagonizados por la nación más antigua de Europa, que es la nuestra, y que unos cuantos descerebrados tratan de aniquilar. Aún así, los norteamericanos han llevado sus gestas al celuloide y no se postran de hinojos ante nadie.

La conquista de América, Cristóbal Colón, que la locura soberanista le hace catalán, los Reyes Católicos, la Batalla de Lepanto, Carlos I de España y V de Alemania, Felipe II, las guerras de Flandes, el Siglo de Oro… son episodios -entre cientos de miles- de los que deberíamos sentirnos orgullosos, recordando, así, a nuestros antepasados. Que tenían acendrado el concepto de Patria, que hoy los «perro-flautas» identifican con «fachas». Claro que la Logdse, la que hizo Rubalcaba, no da para más, produce estos gestos o desaprobaciones. Patria, señores míos, es el más alto sentimiento de un pueblo, aunque suene a rancio, y, en definición de la RAE, es la tierra natal o adoptiva a la que se siente ligado el ser humano por vínculos jurídicos, históricos y afectivos.
Mas volviendo a Cervantes, y en concreto al cuarto centenario de su muerte, que ahora celebramos, ya están los cantamañanas con que estamos de El Quijote hasta el moño. O hasta en la sopa. Que ha de ser castellana, digo yo, con pocos tropezones, más bien basada en caldo espeso, de hambriento. Pues miren, verracos, el Fénix de los Ingenios es la figura de nuestras letras que alcanzó mayor universalidad. «El genio de la novela -dijo Menéndez y Pelayo- derramó sobre Cervantes todos sus dones, se había encarnado en él y nunca se mostró más grande a los ojos de los mortales».

Shakespeare, que dicen que murió en la misma fecha del español, jamás recibió una brizna de crítica del pueblo inglés. Ser o no ser.

En España no cabe un tonto más.

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