Francisco Javier Gonzalez Rojo

Politización y descrédito de instituciones

Politización y descrédito de instituciones
Democracia, elecciones, partidos políticos. Maximino Soriano.

España…, España política y culturalmente es populista, es simplista, tiende a las soluciones fáciles aunque peores antes que arrimarse a otras mejores si son difíciles y, o, complejas; es más propensa a eliminar que a analizar, a destruir que a imaginar, a aplaudir la crítica que a alabar la propuesta, a rechazar que a corregir, España es «negativista» y la negatividad es una actitud que no mira al futuro, no tiene venidero.

Y esa España, además, es cultural y políticamente pícara, ríe y emula y hasta perdona al pícaro y desestima y soslaya al autor genial que escribió la picaresca, acostumbra a desacreditar las buenas intenciones en favor de los propios intereses, a manipular la finalidad de sus instituciones politizándolas para favorecer oscuros provechos partidistas.

¿Qué hizo España con sus Cajas de Ahorro y Monte de Piedad? De aquellas Cajas se podría escribir que eran un modelo ideal de banca; los socios eran los impositores, los titulares de su pasivo, los que metían allí sus ahorros con los que se prestaba dinero y se llevaban a cabo otras actividades bancarias y que, con el beneficio obtenido, una vez remunerado el interés a los dueños de esas cuentas y cubiertas las provisiones legales y reglamentarias, se desarrollaban obras sociales y piadosas como siquiátricos y actividades culturales y patronatos, siendo la asamblea de los depositantes quienes nombraban a los gestores.

La causa de que ese modelo sublime fracasara, como suele ocurrir, se debió a su mala gestión, tras la cual, en menor medida estaría algo tan acostumbrado en la cultura de la España tradicional como es el amiguismo y parentela en las contrataciones de los profesionales, pero fundamentalmente se debió a su politización, a que la política se adueñó de los Consejos de Administración; no se deberá olvidar que las dietas de esos Consejos se convirtieron en el objeto de deseo de políticos y sindicalistas y en la causa de las refriegas internas por los puestos en las listas electorales de los partidos políticos y posicionamiento sindical y no solo por las remuneraciones que conllevaba el cargo incluidas tarjetas con las que pagaban sus excesos sino, en muchos casos, por el acceso a los Consejos de otras sociedades pertenecientes a las mismas; así mismo, las Juntas de Gobierno de unas mal entendidas Autonomías quisieron convertirlas en Bancos Centrales Autonómicos de financiación para finalidades caciquiles desorbitadas y muestrario monumental de malversación del dinero ajeno sin penalizar, y, en muchos casos, como cortijo donde colocaron a sus afines y hasta empresarios que utilizaron el crédito sin las debidas garantías y con intereses ridículos para sus propias compañías y que finalmente resultaron fallidos; ¡el colmo de la manipulación!, la política puso a los deudores a dirigir el patrimonio de sus acreedores.

El resultado no solo ha sido el rescate, el rescate financiero europeo de las mismas y pagado, por lo que se está comprobando, por todos los españoles y no por los beneficios que se puedan obtener en algún caso, pero con otra desgracia, no por tapada menos importante, la pérdida de la obra social con la solución dada y, algo aún más reprobable, que los responsables de tal desastre socio-económico siguen disfrutando impunemente de las prebendas obtenidas con tales despropósitos; y los responsables políticos… inmunes, indemnes.

Para la reparación, saneamiento, se acudió a lo fácil, la venta a pérdidas, y a lo pícaro, privatizar el beneficio y endosar el menoscabo al endeudamiento público. ¡Claro que la España que plagia, la de que inventen ellos, podría haber copiado otras soluciones!, copiar de Estados Unidos que en seis meses condenó a Madoff a cadena perpetua, pero la España pícara solo copia para el interés particular y disimuladamente oculto, no copia para lo bueno, e ¿imaginar? la imaginación en España se destierra.

Por imaginar, se pudo imaginar otra alternativa como estructurar el rescate financiero europeo a través de un Fondo Estatal de Gestión, más propio para gestionar una titularidad del capital como el de esas entidades, similar al Fondo Estatal de Pensiones Noruego y haber puesto al cargo de su gestión a profesionales de prestigio reconocido internacional como se hace con los fondos de pensiones norteamericanos que si bien no hubiese impedido el rescate, sí hubiese permitido continuar con su sentido social, y no parece que las gestoras de esos grandes fondos de pensiones lo hagan mal. Demasiado complejo para la España política pícara, populista y simple.

¿Qué hace España con las Diputaciones Provinciales? La España política mamó pensamiento autoritario y centralista y, paradójicamente, hasta se plantea eliminar los organismos de la España descentralizada de la realidad provincial en favor de la España «subcentralizada» teóricamente autonómica. La razón, suprimir costes y duplicidades, pero, ¿dónde están los costes y las duplicidades?

Los tumores de España no son las Diputaciones, el cáncer lo provoca el exceso de funcionarios, el coste de personal, y, la España tergiversadora ¿acabando con las Diputaciones mandaría al paro a sus funcionarios? Y el exceso de funcionarios en una organización descentralizada ¿está en las Diputaciones y Delegaciones provinciales o está en la Administración Central Autonómica?

A las Diputaciones provinciales les ocurre algo similar a las Cajas; entre sus finalidades estaba complementar, fundamentalmente en la recaudación local, a los Ayuntamientos, de cuyo montante se queda con un porcentaje, que una vez restituido el coste, con el beneficio se construían hospitales o se acometían obras de carácter provincial y otras en poblaciones con escasos recursos que garantizasen la igualdad de acceso a servicios básicos y por lo mismo a fomentar la cohesión territorial.

Entre sus defectos, el enchufismo en la contratación de funcionarios, más acusado cuanto más local es la administración, y peor, su politización, el uso de esos recursos como herramienta arbitraria partidista; se han transformado en un organismo de premio a la representación política indirecta y caciquil y no en el eslabón provincial de la España descentralizada estrictamente territorial.

El enchufismo se puede corregir con tribunales de oposición ajenos a la provincia y de designación secreta y estatal, pero la representatividad territorial… hay que modificar el sistema electoral, y el exceso de funcionarios… para eso, para eso habría que quitar sus privilegios laborales y aplicarles el Estatuto de los Trabajadores como a los otros españoles. El asunto es complejo, demasiado complejo para la España política; si el déficit público se pudiera solventar eliminando sin más las Diputaciones… Ah la España política populista que protege la mala administración culpando a instituciones bien pensadas.

¿Qué deberá hacer España con el Senado? España, España nunca será un Estado descentralizado si no separa la representación política de la representación territorial, no lo será sin Senado. Pero el Senado, el Senado no está para parlamentar sobre novatadas universitarias, ni para que la España política deformadora lo utilice como retiro económico y jubilar de sus oligarcas regionales.

El Senado ha de ser el máximo aval de la igualdad de oportunidades territorial de la España constitucional descentralizada, salvaguarda de la despolitización institucional y el supremo garante de los intereses nacionales y misión de la España internacional.

La España política quizás, o seguro, es demasiado simple y distorsionadora en esta nuestra España nuestra que para su arreglo requiere una reorganización institucional muy compleja, muy difícil.

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