Santiago López Castillo

Esta Cataluña no es ‘bona’, desentona

Esta Cataluña no es 'bona', desentona
Santiago López Castillo. PD

Vaya por delante mi sincero amor y respeto por Cataluña donde pasé mis más nevados inviernos en Baqueira/Beret y mis más deliciosos veranos en la Costa Brava, donde conocí a Pla vestido de payés, la camisa abotonada hasta el cuello, y al genial Dalí en su propia casa de Cadaqués y a su amante y amada Gala, que, siendo yo mocito, me puso cachondo cuando me metía sus manitas por mis ensortijados cabellos, hasta que el gran pintor la interrumpió con voz retumbante: «Trae un buen vino para nuestro amigo». Además de esas dos magnas figuras, coseché la amistad con muchísimas gentes del lugar sobresaliendo Manuel Español, que además de ídem es del Real Madrid. Tiene miedo y me procura: «No me cites».

¿Se puede vivir así? ¿Se puede convivir con un independentismo cerril, zafio, aldeano? Desgraciadamente, sí, en tanto en cuanto las leyes, según convengan, los enemigos del Estado se las pasan por el forro de los cojones. Pero eso no es lo malo; lo peor es cuando un Gobierno se encoge de brazos y, por prudencia, no dice ni esta boca es mía. Todo, para el Constitucional, papeles para la papelera. La farsa del Barsa está llegando a la paranoia. La delegación del Gobierno prohibió las «esteladas», la bandea separatista de estos iluminados catalanistas, con motivo de la final de la Copa de España. Pronto saltaron como un resorte los facinerosos del soberanismo periférico al que se sumaron los cantamañanas de las tertulias aun siendo de derechas, el PP no se libra ni por hacer cumplir la ley. Pena, penita, pena. Aquí, en este país, Miquelarena, todo es «legal» porque en España vale todo. Y si todo es permisivo, a partes iguales, ¿alguien imagina la entronización de una bandera de España en el Nou Camp? Exhibir la «estrellada» es libertad de expresión y llevar la roja y gualda es provocación.

El timorato de Rajoy debió aplicar el art. 155 de la Constitución. («Si una Comunidad Autónoma no cumpliere…») Y eso que los populares tenían mayoría absoluta en el Congreso y en el Senado.

Los independentistas, sabedores de un Estado genuflexo, mantienen su provocación constante. Alta traición. Y ya, para mear y no echar gota, el rendez-vous que hicieron recibiendo al asesino Otegui, coreado por esa chusma de podemitas con diferentes franquicias que prohíbe el idioma español, la enseña nacional, los símbolos, desprecian al Rey, arrinconan su busto y su retrato, retiran rótulos que huelan a monarquía, y no les quitan el aire que respiran porque se contaminaría el ambiente. Y, encima, los jueces les apoyan con el falso adagio de «la libertad de expresión», no sea que les llamen «fachas» y aquí, en esta melé, sobreviven y dictan sentencia: son los únicos, los mandamases «Jueces para la Democracia».

No concibo ningún lugar del mundo -salvo las dictaduras bolivarianas, nosotros vamos camino de ellas- en que se den tamañas barbaridades. «Cataluña es bona si la bossa sona», rezaba aquel refrán de los mercaderes foráneos. Pero para los que amamos Cataluña, esta región en permanente desacato no es la que queremos, por donde en tiempos transitaba la ardilla de rama en rama.

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