Victor Entrialgo de Castro

Por favor, gracias, perdón

Por favor, gracias, perdón
Víctor Entrialgo de Castro, abogado y escritor. PD

Algunos españoles han votado a un puñado de niñatos con odio y revanchismos misteriosos por cosas que ni vivieron ni tan siquiera se preocuparon de estudiar.

Mezclados con bienintencionados, aquellos han okupado instituciones, alimentado separatismos y alentado el desorden público, llevan el odio en la piel o reprimido en sus declaraciones y creen que van a acabar con el capitalismo por quemar un contenedor y destrozar cajeros automáticos. En realidad son violentos disfrazados para dar rienda suelta a su incontinencia.

Pero todo el mundo sabe que los grandes responsables de todo esto y más que vendrá, no son ellos sino políticos tibios que han sembrado vientos, propiciando la ocupación de las instituciones y van a recoger sorpassos, tempestades y cubos de basura.

Para la violencia está la ley y para hacerla valer, la respuesta contundente de las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado.

Pero en España está sucediendo además algo, no por menos impactante, menos grave. Y esa tragedia a la que estamos asistiendo en directo no es otra cosa que el fin de la cultura, la desaparición de los límites que distinguen la vida civilizada de la que no lo es. La extinción galopante, quien sabe si inexorable, de los tres límites que constituyen las bases de la vida social civilizada.

La triada PGP, «Por favor, Gracias, Perdón,» o sea la educación esencial, está en vías de extinción, incluso entre la gente de superior titulación.

En realidad es una grave tragedia transversal que atraviesa todas las clases y todas las castas. Abandonada como una moda pasajera, la triada fundamental, aparte de hacer la vida agradable, marca los tres límites de la vida superior.

Igual que las tres potencias del alma, o los tres poderes del Estado, la tríada PGP de la educación esencial «porfavor, gracias, perdón», señala los límites y fundamentos del respeto y la vida social.

La educación que se echa más en falta es la esencial. Los limites que nos separan de los monos. A algunos, lamentablemente, poco o muy poco. Como a los cafres de Barcelona. Mobiliario urbano. 23 heridos y solo 1 detenido. Tiene poca Gracia.

¿No hay nadie que enseñe a esta gente las cuatro reglas?
Bastaria un poco de historia y que además del GPS para quedadas vandálicas aprendiesen a usar la PGP.

La gran paradoja freudiana de todo esto es que lo que esta gente destroza son «contenedores», justo lo que necesita.

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