Santiago González

«Los argumentos de Sánchez son una mezcla de eslóganes, recetas de la abuela e invocaciones de santería»

"Los argumentos de Sánchez son una mezcla de eslóganes, recetas de la abuela e invocaciones de santería"
Santiago González. PD

Santiago González también le da sopa con ondas a Pedro Sánchez, quien sigue estando en una realidad paralela:

A Pedro Sánchez le pasa como a Katharine Hepburn en La fiera de mi niña: es imposible entender nada mientras sea él quien lo explique. Sus argumentos son una mezcla de eslóganes, tópicos coloquiales, recetas de la abuela e invocaciones de santería, cuya mixtura es difícilmente contrastable con la realidad.

Ayer, en su comparecencia en EL MUNDO sostuvo la idea de que su partido va a mejorar y, quizá, ganar las elecciones del 26-J contra lo que manifiestan los sondeos: «Los españoles quieren más al PSOE que las encuestas demoscópicas». Así lo han venido demostrando los resultados de las dos últimas elecciones: en las de 2011 perdió 15 escaños respecto al mínimo histórico alcanzado en 2000 por Joaquín Almunia.

Rememora que:

Cuatro años después, frente al descalabro del Gobierno de Rajoy, que perdió ¡63 escaños en una legislatura!, el principal partido de la oposición, no es que no fuera capaz de recoger uno solo, sino que perdió 20 más. No cuestiono ninguna de las amables tonterías con que el socialismo ha adormecido a los más crédulos de sus hijos durante las últimas décadas: que el PSOE es el partido que más se parece a España y la reformulación de la misma idea que hacía ayer el joven Sánchez. No negaré yo que los españoles (y las españolas, claro) quieran un huevo al Partido Socialista. Lo que pasa es que no le votan.

Todos los sondeos le pronostican otra pérdida de escaños para el día 26, y lo que es peor, apuntan a la posibilidad del sorpasso, ya sea en votos, ya en escaños.

«Si tengo mayoría no vetaré a ninguna fuerza política del cambio». Lo que quiere decir es que no se opondrá a ningún partido cuyos escaños puedan hacerle presidente del Gobierno. Este sigue siendo el quid de la cuestión. Atiendan a las dos condiciones: «Si tengo mayoría» y «ninguna fuerza del cambio». La primera restricción excluye apoyar a Podemos, si le desplaza en el liderazgo de la izquierda. La segunda excluye la gran coalición, no por la vaina del cambio, sino porque el PP nunca apoyará a quien quede por detrás para presidente. Lo de los socialistas vascos con el PNV en el 86 no es de aplicación universal.

Concluye que:

Pareció que algo habían aprendido los socialistas del fiasco de estos seis meses. Jordi Sevilla negó tajantemente hace 15 días a Carlos Herrera que fueran a pactar con Posemos, «sean cuales sean los resultados del 26-J», que si fuera esa su intención ya lo habrían hecho el 4 de marzo. Era la oratoria de Tania ‘Vaciamadrid’, ex primera dama de los círculos: «No, punto, no vamos a pactar con Podemos, punto, ¿quiere que se lo diga otra vez?». Que haya sido mi admirado Pepe Borrell quien ha desmentido a Sevilla ante el mismo Herrera, diciendo que está más cerca de nuestros bolivarianos que del PP, muestra hasta qué punto se ha envilecido esta basca, que ya sólo aspira a tocar poder, no importa para qué, no importa con quién. No sólo el PSOE es el partido que más se parece a España, desgraciadamente para los dos términos de la comparación. El joven Sánchez es el dirigente que más se parece al PSOE. También desgraciadamente.

En el ABC, David Gistau critica el anuncio preelectoral lanzado por Ciudadanos, lo considera demasiado cubre y muy apegado a tópicos del pasado:

Mi primer pensamiento al ver el vídeo de Ciudadanos fue que cualquier intento español de hacer «Cheers» degenera en el bar de la esquina con banderín de fútbol, palillo entre los dientes y tragaperras. Es una asociación de ideas que constituye la única transversalidad, la única coincidencia doctrinal: la visión del español promedio como un tipo que huele a fritanga y tardará un rato en acertar a meter la llave en la cerradura cuando regrese a casa. Hasta Rajoy, cuando le dijeron antes de las elecciones anteriores que algo tenía que hacer para volverse más reconocible por el español promedio, se pegó a la mano un doble de cerveza de atrezo y se acodó en todas las barras tabernarias entre Génova y Moncloa. Si quiere usted parecer cercano y genuino, convoque a las cámaras para que lo graben agarrándose un pedo de vermut mientras le corrige a Del Bosque con aceitunas la disposición defensiva de la Selección.

En el vídeo de Ciudadanos hay, sin embargo, un matiz: Rivera es el único personaje exógeno al bar, el único «au dessus de la mêlée», y el único, aparte del camarero, que está trabajando. Un «nerd» de mucho cuidado, vaya. Una de las disputas de la nueva política refundadora es la catalogación y apropiación de la Gente verdadera. Ya sabíamos, más o menos, cómo es el ideal de Gente para Podemos, que oscila entre la tribu rusoniana que contiene con esponjas de mar el flujo menstrual y el hipster que, para bajar los humos al capitalismo, se autoabastece con huertas domésticas y tiene un concepto revolucionario de sí mismo. Ahora sabemos que, para Ciudadanos, la Gente es costrosa, un hatajo de atorrantes que se han quedado varados en el más cutre de los bares de abajo y que aguardan, sin hacer nada por ellos mismos, la aparición del ser providencial. Por eso Rivera no está en el bar, es decir, en la decadencia a la española. Por eso se hace carne mortal en el televisor a una altura suficiente para que los parroquianos lo contemplen desde abajo, conscientes de que son chiquitos, como es lógico suponer que veríamos aparecerse a cualquier mesías redentor entre un coro de ángeles. En realidad, todo encaja con esa percepción de secta juvenil y «soft», como fundada en Malibú, que también alcanza al visitante de la sede madrileña de Ciudadanos, donde es imposible no sentirse abrumado por la presencia exagerada de retratos XL desde los cuales nos sonríe Rivera componiendo una modalidad de salvador menos colérica que la de Iglesias. Más cienciológica.

Sentencia que:

La cutrez de bar de la esquina con la que ven a la Gente estos urbanitas es tal que cuando se burlan de Rajoy acusándolo de leer sólo el Marca lo que logran es hacerlo más semejante a su español promedio, que no es de Schopenhauer, sino del Marca, de lo que habla en ese bar. El alarde intelectual siempre penalizó al político. Eso lo comprendió Rivera que, muy astuto, cuando le preguntaron el pasado verano cuál había sido su bagaje lector, dijo que empezó una novela de Lucía Etxebarría pero no la terminó.

Ignacio Camacho calcula que PP y Ciudadanos necesitan crecer por separado para asegurarse un triunfo por la mínima frente a la coalición de izquierdas:

En un pañuelo. El resultado está en unas décimas, en unos puñados escasos de votos oscilantes que tal vez no se decidan hasta el último momento y tienen de los nervios a los institutos de encuestas. Narciso Michavila, el gurú de GAD-3 que hace los sondeos de ABC, vaticina un final «por penalties» como el de la Champions. Casi imposible de pronosticar porque se va a solventar en el reparto final de escaños, con los cocientes del sistema De Hont bailando provincia por provincia en una cuerda floja. Miradas por bloques ideológicos, que es como se plantean estas elecciones, existe un empate técnico entre el centro-derecha y la izquierda. Habrá un recuento de infarto.

Detalla que:

Poco a poco, Pedro Sánchez va descubriendo la baza que le intentaba tapar Susana Díaz con el listón de la lista más votada. El candidato socialista se pelea con Podemos para discutirle el segundo puesto pero cuenta con ellos en sus cálculos de investidura. Igual que hace Rajoy con Ciudadanos, aunque a los naranjas les incomode el automatismo de opinión pública que los considera una variante limpia y moderna del PP a pesar de su reciente pacto socialdemócrata. Esa alianza ha decaído con la legislatura anterior y todo el mundo lo sabe, incluidos Rivera y Sánchez. El día 26 concurren, con todas las reservas, dos coaliciones de facto y gobernará la que saque un diputado más porque nadie va a arrostrar la responsabilidad de una tercera convocatoria. Por ahora lleva medio dedo de ventaja la izquierda, que además hace guiños de complicidad a los soberanistas para garantizarse un arbitraje favorable: como mínimo el de la abstención que decida un Gobierno en minoría.

El modelo frentepopulista sólo lo puede frenar una victoria apurada del centro-derecha, a expensas de un acuerdo que Rivera le pondrá difícil al marianismo. Pero ambos partidos necesitan crecer por separado, no uno a costa del otro; en caso contrario no lograrán compensar el valor añadido que Pablo Iglesias se ha procurado con la absorción de IU, una maniobra clave para rebañar escaños. Como los vasos comunicantes entre bloques apenas funcionan -salvo un tímido trasvase del PSOE a Ciudadanos-, el crecimiento de las fuerzas moderadas sólo puede venir del segmento abstencionista. Ahí será decisiva la campaña del PP, que en diciembre se dejó medio millón de votos en sus casas. Si regresan a las urnas el Gobierno podría superar el 30 por ciento sin restar la facturación de C’s. De otro modo, tratando de arrebatarse apoyos, los dos corren el riesgo de quedarse cortos.

Finaliza asegurando que:

La posibilidad de una abstención socialista queda remota. Susana Díaz, la dirigente que podría patrocinarla, tiene amenazada la victoria en su feudo andaluz, sin la cual no estará en condiciones de reclamar nada. Las soluciones transversales son meros albures: estamos ante elecciones bipolares. Sólo que ahora se trata de un raro bipartidismo de cuatro.

José María Carrascal analiza las posturas de los diferentes partidos, especialmente las negativas de PSOE y Ciudadanos a pactar con el marianismo y la de Podemos a admitir en u Gobierno a Ciudadanos:

Todos aseguran muy serios que están dispuestos a pactar tras el 26-J. Pero a continuación, Sánchez descarta abstenerse para facilitar que gobierne el PP, Rivera descarta apoyar un gobierno con Rajoy al frente e Iglesias descarta apoyar uno con Ciudadanos. Lo que descarta un gobierno tras el 26-F, pese a ansiar todos que lo haya. Vamos a ver, señores, ¿hablan ustedes en serio o están ya en campaña electoral, pese a no haber empezado, cuando decían que iban a hacerla lo más corta y enjuta posible? No empiecen de nuevo a mentir -en eso consiste, a fin de cuentas, una campaña electoral-, que el personal está muy cabreado y puede darles un susto el último domingo del mes que hoy empieza. No puede abusarse tanto de la paciencia del respetable.

Destaca que:

Los cálculos que se hagan en los cuarteles generales de los distintos partidos pueden decir lo que quieran sobre avances y retrocesos, pero seguro, lo que se dice seguro, sólo sabemos lo qué no va a ocurrir: que el PP pacte con Podemos (ni Podemos con el PP, naturalmente). Todo lo demás es aleatorio, inescrutable, incierto, como la caída de una hoja movida por el viento. Sánchez ni siquiera sabe si seguirá al frente del PSOE, Rivera depende del apoyo que encuentre en un electorado que le votó creyendo que iba a corregir el rumbo del PP y le ha visto pactar con el PSOE e Iglesias desconoce si las cuentas que ha hecho pactando con Garzón son las de la lechera o un pleno al 15 de la quiniela. Algo va a depender de cómo se comporten en la campaña, pero, a estas alturas, el público los conoce de sobra para haber decidido si debe cambiar su voto, si debe mantenerlo o si debe irse al campo ese domingo. Aunque serán pocos los que lo digan, porque están hartos de encuestas y encuestadores. Así que no hagan mucho caso de ellas ni de las declaraciones de los actores, como de las apuntadas al comienzo de esta «postal».

Entre otras cosas porque, aparte de ser charlatanería electoral, traslucen, al menos para este servidor, justo lo contrario de lo que dicen: no desean que se forme gobierno, temen que se forme, al sospechar que van a retroceder respecto a las elecciones del 20-D. Unos por una cosa, otros por otra, tienen difícil alcanzar el mismo resultado e incluso si Iglesias lo consigue, le será difícil formar gobierno, por no decir ya gobernar. El fantasma de Tsipras en Grecia, tragándose sus baladronadas y obedeciendo a Bruselas, mientras su pueblo protesta, tiene que ser la pesadilla del líder de Podemos cada noche. Casi mejor que siga el gobierno en funciones de Rajoy hasta que haga caja para poder gastar, mientras se hincha de criticarle desde la oposición. Algo parecido deben decirse los demás: que nos quedemos como estamos. No les caerá esa breva.

Autor

Juan Velarde

Delegado de la filial de Periodista Digital en el Archipiélago, Canarias8. Actualmente es redactor en Madrid en Periodista Digital.

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